Un homenaje a Susa.

Me permito publicar este primer artículo en la nueva web y dominio, como especial homenaje al día en que tuve la suerte de conocer a Susa.

Mi trabajo como escritor es desde hace años, una válvula de escape. Como algo dentro de en una olla a presión. Algo intangible que sujeta día tras día la miríada de ideas que tropiezan y luchan por salir al exterior desde mi cerebro intentando convertirse en alguna historia. Ese esfuerzo no hace otra cosa que ilusionarme, ocupar mi tiempo obligándome a trabajar para seguir viviendo. Hoy  me falta tiempo para escribir los proyectos cuyos bocetos o guiones, se mantienen expectantes, como yo, para comprobar quien sale antes a la luz .

Tal vez esta situación sea un acicate más a mi labor diaria, pero no por ello ceso, y desde luego, me convierto en un ser exigente a la hora de acabar lo iniciado. Sólo en una ocasión mi espíritu se cerró y negó a continuar escribiendo una novela. Hoy se mantiene inconclusa, aunque en numerosas ocasiones he prometido continuarla, precisamente como homenaje a Susa, que me ofreció el guión para escribirla. Como todo, también tiene su historia.

Durante una etapa de mi vida estuve viviendo en la Imperial Ciudad de Toledo. En Madrid  vivía una mujer a quien amé mucho, Susa. En ese tiempo trabajaba en dos novelas, una recopilación de cuentos inconexos y en la novela “Así de Simple” desarrollando la idea proporcionada por Susa.

Un 19 de Octubre sentí un profundo dolor que atravesó todo mi ser. Susa abandonó este mundo sin avisarme. Con ella se fue mi cariño, la ilusión de un futuro juntos, todo mi deseo y esfuerzo. Dejé de escribir. Me dediqué a pasear, viajar a Madrid para recorrer los rincones y lugares donde estuvimos juntos. Mi tristeza llegó a tal situación que aquellos días mis ojos no acertaban a contener lágrimas. Hoy solo recordarla me produce la misma angustia y dolor insoportable.

En ocasiones me surge la duda de reflejar o no mis sentimientos, pienso que pueden confundirse, o tal vez dar una impresión equivocada, pero necesito dejar espacio libre a eso que llamamos corazón, pues lo lleno con frecuencia ahora que no estoy a su lado y los recuerdos inundan mi espíritu hasta canalizarlos a esa cámara especial, donde mantengo vivos los instantes vividos con ella.

Entonces era tan feliz a su lado como para retirar mentalmente las manillas de los relojes intentando que el tiempo no corriera, se paralizara al estar juntos.

Entiendo a quienes por circunstancias similares les falta la persona amada, se sienten obligados a ponerse en manos de un especialista de la mente para que les ayude a superar el trauma sufrido. Personalmente no acudí a psicoanalista alguno, seguí auto compadeciéndome, imaginando, recordando. Dejé de escribir intentando responder a una pregunta ¿ Ahora quien leerá, corregirá y criticará mis narraciones? No la obtuve, solo cesé de escribir.

Cada vez que intentaba retomar aquella novela, me bloqueaba, los personajes se negaban a seguir viviendo, eran como una imagen fija sin movimiento, una especie de respetuoso y silencioso en homenaje a la artífice de la obra, Susa. Todo mi mundo y el ilusionante futuro imaginado con y por ella, apareció oscuro y gris, por lo que abandoné la idea para más adelante.

Intenté redimirme y superarme con recuerdos de otras personas a quienes también amó, en un intento de reparar mi dolor, pero sin duda resultó peor. Y como suele decirse, es otra historia que no procede contar ahora.

Decía al principio de este articulo: Mi trabajo como escritor… he continuado escribiendo y como Susa me recomendó en su día, sigo esforzándome narrando historias. Un buen día  me recomendó: debes darte a conocer, deben saber que existes. Lo intento, aunque me he rodeado de otras cuestiones.

Hace tiempo leí “La Chica de sus sueños”, de mi admirada escritora Donna Leon, afincada en Venecia. Decía uno de sus personajes: El recuerdo de su sonrisa me basta para hacer bailar las estrellas en el firmamento. Desde entonces no ceso de mirarlo cada noche y a veces, hasta consigo ver a Susa sonreír antes de que las estrellas comiencen a bailar en su honor.

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