Cada año cuesta más esfuerzo

En efecto, cada año me cuesta más esfuerzo mental celebrar el aniversario de mi nacimiento. «Los años comienzan a pesar», la frase no es mía. Pero claro está, no queda más remedio que asumirlo, el tiempo arrasa con cuanto se introduce a su paso y deja huella. Elimina el cabello, sustituye algunos de los estupendos músculos de mi juventud y los rellena de tejido adiposo; la velocidad de las piernas se ven limitadas al decaer la fuerza y el entusiasmo; y como las precedentes, muchas otras cuestiones que sería prolijo enumerar. Sin embargo, este cruel paso del tiempo logra retener ciertas virtudes. Mayor conocimiento, rellena mis neuronas con síntomas intelectuales; me permite abordar la última línea para cruzar a la otra orilla con el convencimiento de haber tenido, hasta hoy, una vida intensa, repleta de eventos, actividades y momentos muy especiales, unos alegres y los menos, tristes y dolorosos.

Antes, cuando disfrutaba de mis ocho lustros, una semana antes de esta fecha y cuatro días después, mi mal humor aumentaba exponencialmente, rechazaba con equivocado criterio, ese momento crucial de superar otro año de vida regalada. Porque en realidad es un regalo que recibe el ser humano. Sin cortapisas, sin diseño de futuro, solo aquel que conformas con el día a día; salvando las distancias y connotaciones tanto familiares como de orden genético, evolutivas e intelectuales.

En ocasiones, vistos y vividos los años precedentes, suelo cuestionar algunos momentos siempre bajo la visión y el conocimiento actual. Me planteo ¿Qué hubiera hecho entonces con mis actuales conocimientos? Las respuestas no siempre son idénticas. Un ejemplo, no habría hecho tanto deporte. Las secuelas posteriores por forzar un cuerpo físicamente suelen ser negativas al cruzar el umbral de los sesenta años, ni que decir tiene con diez, quince o veinte años más. No, no lo habría hecho, aunque tampoco habría disfrutado de la amistad de aquellos amigos con quienes semana tras semana entrenábamos en las pistas de la ciudad universitaria o en el Vallehermoso de Madrid, o viajábamos a otras pistas de España para competir en 100 m, relevos 4 x 100, lanzamiento de jabalina. O sustituir a otro compañero de quien necesitábamos sus puntuaciones para engrosar el puesto que ocupaba nuestro equipo de atletismo en la liga de clubes. No habría practicado tenis, ni kárate.

Sí, definitivamente toda mi vida ha sido positiva. Hasta los malos momentos han servido para fortalecerme y evitar no sucedieran de nuevo. Me ha permitido conocer a una gente estupenda, maravillosa, que ha engrosado mi espíritu y dado momentos de inconmensurable felicidad. También a otras gentes de mal talante y peor sangre, de las que me separé afortunadamente para que su influencia no me dañara.

Intenté y logré cuanto me propuse. No todo, aunque tal vez aún lo consiga pese a la falta de incentivo u horizonte.

Hoy al cumplir otro año más, me reitero en que no hice mal a nadie. Mi carné de actuación de vida por puntos sigue intacto. Tal vez no haya sido la persona ideal para alguna gente que me ha rodeado. Que se le va a hacer, habré cometido errores, faltas y demás, debo suponer que como ser humano tengo la necesidad de equivocarme, y si no pedí disculpas entonces quizás fue por no advertirlo o evitar confrontamientos, hacerlo ahora sería tarde y equivocado, las situaciones no son las mismas.

Si hubiese… En efecto, si hubiera tomado otra decisión, tal vez hoy no despertaría tal y como soy, aunque echo mucho de menos a esa persona que estoy seguro habría cambiado mi futuro a su lado. Lo lamento en lo más profundo de mi ser. Pese a no ser conformista, carezco de la fuerza necesaria para admitir que en aquellos momentos tenía mi cerebro saturado de vacilaciones que me impedían discernir con suficiente claridad, y ya es demasiado tarde para considerar aspectos que contravienen mi actual modo de vida.

Ante el cúmulo de recuerdos por retrotraerme al pasado, pese a que en ocasiones la tristeza se parece al frío invernal, soy feliz, no completamente, pero feliz, al fin y al cabo aunque a veces trato de no apoyarme en lo que dejamos atrás tenga más importancia que lo que ahora vivimos. Estoy convencido que tengo a la vista un mundo de nostalgias todavía por vivir.

Hoy haré propia la frase: La literatura y el vino son una costumbre elegante. Leeré una buena novela y levantaré una copa de Albariño por mi pasado, presente y futuro.

¡Gracias Amigos!

© Anxo do Rego. Septiembre 2020.

 

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