Así comienza…LA PÉRDIDA DEL TIEMPO

LA PÉRDIDA DEL TIEMPO.

Tercera novela de la Serie Roberto HC.

Por Anxo do Rego.


SINOPSIS:

La vida de una persona está en peligro. Un abogado sospecha que uno de sus clientes puede ser el asesino. Tras enfrentarse al dilema planteado confianza y ética profesional, frente a la obligación como ciudadano, decide ponerlo en conocimiento del inspector Dobles, responable de homicidios de la comisaria de Roberto H.C. quien inicia la investigación.

Abogado e inspector sufren un atendado que les retiene en un hospital, tiempo suficiente para conocer todos los detalles del posible asesinato anunciado. Cuando salen restablecidos inician las pesquisas y tropiezan con una secta que trata de organizar su asentamiento en Europa.

El dirigente, un indígena de la Amazonia, parece disponer de unos supuestos poderes que interfieren en la labor que el inspector Dobles tratará de solucionar.


A mi amigo Iñaki Rejado y su querida ciudad de Gasteiz.

Y a Gloria


Amor y deseo son dos cosas diferentes.

Que no todo lo que se ama se desea,

ni todo lo que se desea se ama.

Miguel de Cervantes Saavedra


Capítulo 1

Era la segunda reunión con el inspector. Seguí comentándole.

—Mis jornadas de trabajo el inicio temprano, pero casi nunca tengo fijo la hora de acabar. Normalmente a las ocho y media de la mañana suelo entrar en la planta octava del edificio. Aunque la hora de regreso a mi casa jamás ha sido la misma. La empresa tiene su sede principal en Francia. Nosotros, quiero decir, todos los empleados y socios de España, formamos parte de la denominada Sucursal Sur. Desde Madrid manejamos los hilos que abarcan hasta Suramérica. Yo concretamente tengo a mi cargo un amplio equipo de abogados para encargamos de todas las cuestiones jurídicas y litigiosas de nuestras filiales.

En ese preciso instante dejé de hablar, llevaba más de una hora respondiendo y comentando al inspector Dobles, responsable de Homicidios, mis presunciones. Necesitaba un café caliente y un cigarrillo. De nuevo los nervios empezaban a apoderarse de mí.

—Continúe por favor, no se pare, tenemos poco tiempo.

—Lo se inspector, pero no tengo más remedio. Necesito tomar un café.

—Yo también. Si le parece vayamos a la cafetería.

—Claro, yo invito.

—No es preciso señor Enciso.

—Lo sé, pero debo pagarle con algo el esfuerzo que hace para ayudarme.

—No es necesario, de verdad. Solo trato de cumplir con mi obligación. Y cuanto antes la detengamos mejor ¿No le parece?

—Eso espero.

—Bajemos a la calle. Nosotros en la comisaría, solemos ir a Sanchidrián. Hacen buen café y si se trata de cerveza y tapas, también son estupendas.

—Como quiera inspector.

Pese a guardar cierto temor a que pudieran escucharnos, continuamos conversando, con sendos cafés humeantes.

Cuatro días antes me había acercado por la comisaría para denunciar un posible asesinato. En aquel momento el responsable no pudo atenderme. Según supe más tarde, el comisario estaba ausente.

—Entonces señor Enciso —comenzó diciéndome de nuevo— ¿Cómo llega a la conclusión de que esa mujer va a matar a su hija?

—Verá inspector, no creo que en dos frases pueda resumirle casi dieciocho años.

—¿Tanto tiempo?

—Claro. Han ocurrido muchas cosas hasta llegar a esta conclusión.

—¿Cree que conseguiremos detenerla antes de que cometa el crimen?

—Le repito que eso espero, sino todo el esfuerzo realizado hasta hoy habrá sido en balde.

—Terminemos los cafés y volvamos a su despacho.

—Será mejor, allí tengo documentación. Seguro que le hará falta.

Poco después regresamos a mi despacho. Caminamos durante otros diez minutos. Durante el paseo el inspector me preguntó si tenía familia. Bueno, esa serie de preguntas que siempre hacen para parecer simpáticos. Aparentar que se interesan por ti. Al menos yo lo considero así, aunque bien es cierto que contesté a todas ellas.

—¿Está usted casado señor Enciso?

— No, nunca tuve tiempo de hacerlo.

— ¿Pero tiene alguna pareja?

—Qué va, tampoco. Solo esporádicas salidas con algunas amigas.

—¿Debo considerar por tanto que no tiene hijos?

— Desde luego, soy lo que ahora llaman un soltero.

— Está bien ese concepto ¿Usted lo asume?

—No hay más remedio. Es más, creo que en ocasiones resulta bastante interesante. Actualmente hay muchas empresas de todo tipo tratando de llegar hasta nosotros los solteros. Un nuevo mundo, un nuevo concepto de vida ¿No cree? Cada día somos más quienes formamos parte de ese universo. No queremos domeñarnos ante nadie, tampoco ataduras. Nada de eso, solo libertad, total y absoluta.

—Parece que me habla de una especie de movimiento.

—Nada de eso. Pero no debe olvidar que normalmente la gente como yo, poseemos un poder adquisitivo mayor al de cualquier otro tipo de gente. Carecemos de ciertas hipotecas que si tienen matrimonios o simples parejas.

—No me había detenido a observarlo desde ese punto de vista.

—Tal vez debería hacerlo. Nuestra vida es muy simple. Trabajamos fuerte, pero disponemos de más tiempo que otros para dedicarlo a nuestro ocio. Viajes, libros, música, festivales, pintura, conferencias y un sinfín de cosas más. Todo eso es la esencia de los solteros. No tenemos que esperar a jubilarnos para disfrutar de nuestras vidas.

— Hombre visto así, tiene razón.

— No, no me la de. No es esa la cuestión.

— ¿Entonces?

—Es cuestión de planteamiento inicial. Nosotros, y somos bastantes, no nos planteamos en su momento la vida como hasta ahora. Nacer, crecer, estudiar, encontrar trabajo, casarte, tener hijos, trabajar para ellos, trabajar para la familia, trabajar para una casa mejor. En fin, que cuando vas a jubilarte, no has tenido tiempo de disfrutar de tu propia vida. Solo has sido un mero artífice, y forzado, de la de los demás.

— Eso es egoísmo. ¿No le parece?

— ¿A usted sí?

—Desde luego.

—Cómo va a serlo. Ni le quito ni retengo nada a nadie. Yo, sin ir más lejos no tengo mujer, ni hijos. No he querido tenerlos. Decidí permanecer toda mi vida soltero sin pareja alguna. Al menos hasta este momento.

—Está bien. Cuando vuelva a nacer me gustaría ser como es usted ahora, un soltero.

—No se ría inspector.

—Si no me río, solo me hace gracia ¿Diría que he perdido el tiempo?

—En cierta medida sí.

Nos acercábamos a la puerta principal del edificio. La rampa de acceso estaba ocupada por un taxi. El conductor ayudaba al viajero a bajar unas maletas. Nos hicimos a un lado para dejar pasar a cliente y taxista. De repente oí un ruido, semejante al producido al descorchar una botella de cava, aunque eso sí, menos fuerte y seguido de un prolongado silbido. El inspector que caminaba a mi derecha recibió el disparo en el hombro izquierdo. Seguidamente cayó delante de mí, al tiempo, escuché otro plof y un intenso dolor desgarró mi hombro derecho. Noté un calor intenso mientras caía sobre el inspector.

Según parece, permanecimos tumbados más de diez minutos hasta que llegó un coche patrulla. Tenuemente, como si estuviera lejos, oí una especie de sirena. Me desperté en el hospital. Más tarde supe que el inspector Dobles solicitó una habitación doble para poder estar juntos.

—Como puede comprobar he pedido la misma habitación. Así tendremos tiempo, usted para terminar de contar la historia y yo de escucharla. Además de vigilarle, claro. Pues estoy seguro de que trataron de matarle. Lo mío ha sido un mero accidente, por ir a su lado. Y menos mal que puedo contarlo. Quien disparó tiene poca puntería.

—Demos gracias a ello.

—En efecto Enciso, en efecto.

El inspector pasó cuanta información recordaba a uno de sus compañeros. Al parecer cuando el comisario se enteró del atentado, se interesó tanto por el caso como por la situación de su inspector. Prometió visitarle pasados un par de días. En aquellos momentos atendía a su compañera Loli de la desgraciada pérdida del hijo que esperaban.

Cuando nos recogieron las bandejas con el almuerzo; si es que se le podía llamar así; el inspector insistió, no menos de tres ocasiones, en que debería seguir contándole la historia. Al principio me negué. La herida pese a no ser grave, ni haber intervenido nada esencial, dolía y molestaba bastante. Debía mantener el brazo en una especie de sujetador colgado al cuello. Claro que él también lo soportaba en su hombro izquierdo.

—Como quiera —dije— pero si dejo de hablar no será por ganas de contarle, sino por el calmante que nos acaban de dar.

—Venga, no sea miedoso, empiece a contar.

—Vale de acuerdo.

Junto a dos compañeros de estudios, constituimos un Gabinete Jurídico. Yo especializado en Derecho Mercantil. Uno de ellos en Penal y el otro en Civil y Laboral. Los tres terminamos nuestras licenciaturas juntos. Luego cada cual fue a diferentes lugares buscando especialización y ajustar nuestros intereses, tanto laborales como de conocimiento. Yo durante dos años me marché a Estados Unidos. Cuando acabé la especialización y dominé bien el idioma, volví a Madrid y abrí mi propio Bufete.

Durante años mantuvimos solo contacto telefónico. Apenas nos vimos. Posteriormente poco a poco fuimos acercándonos y por fin, decidimos era el momento de hacer algo juntos. Preparé los estatutos de una sociedad, lo aprobamos y abrimos el Gabinete Jurídico. Cada uno intentábamos conseguir clientes, tanto empresas como particulares y pronto tuvimos que contratar a cuatro abogados más y numerosos empleados. El negocio crecía.

Estábamos referenciados en la gran mayoría de las Embajadas. Eran un buen semillero de clientes. Cada vez que algún ciudadano presentaba algún problema, o sencillamente quería invertir en España, la propia Embajada le facilitaba relación de Bufetes especializados. Luego cada uno elegía el más conveniente. Normalmente el mes de Agosto no existe a efectos jurídicos en España. Por eso la mayoría de Los abogados y Bufetes, suelen marcharse de vacaciones. Sin embargo, siempre consideré que los problemas jamás lo hacen. Consecuentemente siempre he trabajado ese mes. Mis socios se acostumbraron pronto, incluso llegaron a agradecérmelo. No solo disfrutaban de una ciudad semi vacía, sino que trabajan más y mejor, sin los problemas que suponen las vistas en los Juzgados y Tribunales.

Un buen día...

—Tomás, acaba de llegar una mujer recomendada por la Embajada de Brasil. Me gustaría poder atenderla. Si te parece llamo a Salvador y nos reunimos aquí con ella. ¿Te parece?

—De acuerdo Pedro, os espero.

Cinco minutos más tarde mis dos socios; acompañando a una mujer morena, de mediana estatura, bien proporcionada y no más alta de un metro setenta centímetros, aparecieron en mi despacho.

—Tomás, te presento a Eva Arjona Sánchez. Parece que nos ha elegido en el boletín de la Embajada y ha decidido presentarnos una serie de cuestiones.

—Encantado señorita. Díganos por favor en que podemos ayudarla.

—Necesito sus servicios legales. Veo que dominan todos los campos del Derecho, y es posible que no solo precise cuestiones civiles, sino también mercantiles y tal vez de otra índole.

—Muy bien, aquí nos tiene. Solo precisa plantear y documentar lo que necesite y nuestro equipo de profesionales se hará cargo, e intentará dar soluciones.

—De acuerdo muchas gracias. Aunque me gustaría contratar sus servicios a nivel global.

—Claro cómo no. Pedro le facilitará un documento que, cumplimentado y firmado, nos obligará como sus abogados a todos los niveles.

—Disculpe, pero necesito saber el costo económico que puede suponerme.

—En este momento no es posible, si le parece lo iremos viendo a medida que nos plantee casos o cuestiones en su representación.

—Entiendo, pero insisto, debo conocer alguna cifra de antemano.

—Como decía antes, sin plantear cuestión alguna, no podemos presupuestar previamente. Eso depende del trabajo a realizar, gastos originados, etc. Será mejor que lea el documento de representación de nuestro Bufete, y luego si le parece, seguimos hablando ¿Me permite invitarla a un café, zumo, agua?

—No, se lo agradezco. Prefiero acabar con esto. Me urge presentarles el primer problema.

Durante unos minutos leyó atenta el documento presentado por Pedro. Luego se dirigió a mí de nuevo diciendo:

—Firmaré el documento después de cumplimentarlo. Por favor ayúdenme.

—Pedro, ayuda a la señorita.

—Con mucho gusto. 

Pedro fue rellenando cada espacio en blanco. La preguntó repetidamente. A mí me chocó cuando intentaba firmar. No acababa de decidirse si lo hacía en calidad de representante de una Empresa, o a título personal, por eso al comprobar mi mirada inquisitiva, se atrevió a decir.

—Soy la representante oficial en España de la Nueva Iglesia Brasileña. De momento carezco de nombramiento oficial, por eso necesito de su Bufete.

Minutos más tarde rubricó con su firma los dos ejemplares, yo lo hice como representante de nuestro Bufete y Pedro le entregó uno de ellos, después de sellarlo.

—Bien —dije— ya es cliente. Ahora puede exponernos cuanto guste. Todo cuanto hagamos, comente, solicite y obtengamos para usted, será totalmente confidencial. ¿Comprende los términos que ambos hemos firmado verdad?

—Desde luego señor Enciso. Claro que sí.

—Entonces, cuando guste, estamos a su disposición.

—Necesito que la Nueva Iglesia Brasileña en España, sea autorizada por el Ministerio correspondiente. No lo sé, pero antes de hacer algo creo es necesario tener las autorizaciones legales suficientes.

—Desde luego, es imprescindible. Con ello evitará una serie de contratiempos.

—Por otro lado, debemos redactar los Estatutos por los que mi Iglesia y todos nuestros seguidores deberán regirse.

—Entiendo.

—Además, quiero que …

—Disculpe señorita Arjona, pero me parecen muchas las cosas planteadas y debemos documentarlas ¿Nos permite que nos reunamos un momento para diseñar una relación de acciones? Enseguida estamos con usted.

— Adelante.

Salimos del despacho y nos metimos en la primera sala que encontramos.

—¿Qué es esto?

—No sé, pero a mí no me gusta nada —señaló Pedro.

—A mí tampoco —apoyó Salvador.

—Desde luego hemos sido unos estúpidos integrales. Mira que firmar un documento antes de conocer los asuntos a tratar.

—No temas —señaló Pedro—. Podemos resolverlo inmediatamente, aún no la hemos representado ante ninguna Institución o Tribunal. Ni cobrada cantidad alguna.

—No, si no es eso. Aunque me gustaría saber algo más de esa denominada Nueva Iglesia Brasileña en España, antes de meternos en ese tipo de cosas.

—¿Entonces qué hacemos? Seguimos o esperamos a mañana para romper el contrato firmado.

—¿Tu qué dices Salvador?

—Yo esperaría a escuchar sus planteamientos. Mientras, pide a uno de nuestros detectives que la investigue tanto a ella como a la Iglesia que dice representar.

—¿Y tú Pedro?

—Estoy de acuerdo con Salvador. Aceptemos el reto, pero no descuidemos la guardia.

—Perfecto entonces seguiremos adelante. Yo me haré cargo y como siempre, os iré informando.

Pedí entrar en el despacho que nos esperaba golpeando con los nudillos la puerta.

—¿Han decidido ya si les intereso como cliente? —espetó nada más entrar.

—Perdón, pero eso ya estaba decidido desde el momento en que firmamos el documento. La reunión, si me permite, solo ha sido para decidir quién de los tres se hará cargo.

—Y ha sido usted ¿verdad señor Enciso? Pero no me mienta, estoy segura de que también han hablado de seguir o no con mi representación. ¿Cierto?

—Cierto, tenga en cuenta que somos tres socios y tomamos las decisiones democráticamente.

—¿Y la mayoría ha optado por continuar?

—No, la decisión se ha tomado por unanimidad señorita. Arjona.

—¿Entonces podemos empezar ya?

—Ahora mismo.

—Nosotros debemos ocuparnos de otros clientes —dijo Salvador señalando a Pedro.

—Claro, muchas gracias por atenderme. Han sido muy amables. Ya nos veremos en otra ocasión.

—Desde luego señorita Arjona. Hasta ese grato momento.

Mis dos socios salieron el despacho. Durante unos instantes el silencio se adueñó de la estancia. Solo se oía el murmullo de los coches al pasar por la calle tratando de traspasar el doble cristal de la ventana que lo impedía.

Estoy convencido de que el inspector anduvo llamándome, tal vez gritándome. Aunque dudo que lo hiciera durante mucho tiempo. Solo le pusieron el calmante cinco minutos más tarde que a mí. Lo cierto fue que, al despertar, sentí un gran alivio. Quizás nos harían lo mismo poco antes de que entrara la noche, así podríamos descansar más tranquilos. Al entrar la enfermera, tanto el inspector como yo, pedimos café con leche caliente.

—¡Vaya! parece que los señores se están recuperando y ya necesitan alterarse de nuevo. Lo siento, tal vez mañana, o quizás pasado, sea posible tomar un café. Pero hoy desde luego no —dijo con un tono sarcástico y al mismo tiempo jocoso—. Antes de salir mostró una amplia risa.

—Sigamos —pidió el inspector— Se quedó dormido cuando sus socios salían del despacho. Supongo que luego comenzaría a presentarle más asuntos. ¿No es cierto?

—Más o menos, pero si quiere lo dejamos para mañana.

—Nada de eso, venga, siga contando, por favor.

—Está bien, pero solo hasta la hora de la cena.

—Vale.

—Si no le importa, iré tomando notas.

—Claro, como no.

—Entonces cuando guste.

—Cómo ve —dijo mostrándome un papel gris escrito— este es el único documento donde consta soy la única representante en España de la Nueva Iglesia Brasileña.

—Si lo desea podemos guardarlo en una de nuestras cajas de seguridad. Es posible que podamos necesitarlo más tarde.

—Desde luego, pero necesitaré una copia o algo similar. ¿No le parece?

—Déjemelo y antes de marcharse tendrá una con la certificación del Bufete.

—Muchas gracias, señor Enciso. ¿Podría llamarle por su nombre? Eso me daría mayor confianza y tranquilidad. ¿Le importa?

—No claro que no. Me llamo Tomás.

—Usted puede llamarme Eva, si lo desea.

—Lo haré, gracias por la confianza.

—Como puede comprobar, al final del documento y apenas legible, aparece el nombre del Primer Dirigente de la Iglesia. Apenas sabe leer y escribir, pero por recomendación del Gran Administrador y después de mi viaje a la selva amazónica, donde está la sede, firmó con su marca este documento y me nombró su representante en España.

—Pero no es un documento válido. Carece de valor para oficializar su representación o nombramiento.

—Lo sé, pero para mí es suficiente.

—Ya, pero necesitamos algún documento oficial.

—Lo tendrá, no se preocupe.

—Entonces deberíamos pasar al resto de asuntos.

—No le parece que va a ser muy largo, son muchos los temas.

—No importa.

—He traído este expediente. En el podrá ver las necesidades de mi Iglesia y cuanto necesito. Redacción de los Estatutos y Normas de Convivencia, Aportaciones e Importaciones de Brasil. Compra de terrenos, edificaciones etc., y nuestra extensión al resto de provincias en España. Deberá acompañarme para comprobar su legalidad antes de que yo firme. Creo que por hoy hemos terminado. Cuando lea esos documentos, llámeme a este número y hablaremos ¿Le parece bien?

— Claro.

—Ahora me marcho. Tengo una reunión y ya llego tarde.

—Entonces hasta pronto.

—Adiós Tomás. Hasta mañana o pasado. Esperaré su llamada. Puede hacerla a cualquier hora del día o de la noche. Estaré a su disposición.

La acompañé hasta la salida y enseguida me reuní con mis socios para comentarles.

—Me he adelantado y pasado al detective la nota para iniciar las investigaciones.

—Estupendo Pedro. Gracias.

— ¿Y qué ha pedido?

—Todo esto —alargué todos los documentos que acababa de entregarme.

Durante unos minutos estuvieron leyéndolos. A medida que lo hacían sus rostros iban pareciéndose más a los interrogantes de los teclados de un ordenador. Acabaron y…

—Desde luego es organizada, ha trazado un verdadero guion a seguir.

—Eso sí, nos ahorra mucho trabajo.

—Ya, solo tendré que acompañarla a cada una de las gestiones y salidas.

—Eso será más facturación. Ya sabes la presencia de un abogado se paga.  ¿O no?

— Hombre claro.

—¿Y en que habéis quedado respecto a la facturación?

—No hemos hablado, pensé que lo mejor sería mencionarlo cuando hayamos dado los primeros pasos. ¿No creéis?

—Por mí no hay inconveniente. ¿Y tú Salvador?

—Tampoco, siempre que lo vayas controlando.

—Está bien, lo haré. Anotaré todo. Por cierto, quedé en llamarla en cuanto tradujera estas hojas en movimientos legales, pero…

—¿Sí?

—Que no tengo intención de hacerlo hasta que Lucas, nos entregue su detectivesco informe.

—Es justo.

—Y necesario diría yo —reclamó Salvador. 

—¿Le importaría ser más explícito y decirme lo que realmente le pidió ella?

—Desde luego. Ahora mismo iba a decírselo. Caramba que impaciente es usted inspector. 

Transcurrieron tres días hasta que nuestro detective trajo toda la información. El informe sobre Eva Arjona Sánchez. 

«Eva Arjona Sánchez, de 28 años. Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid. Soltera y domiciliada en Madrid. Vive en un barrio en la periferia de la ciudad. No se le conoce pareja alguna. Ha trabajado esporádicamente durante los dos últimos años para numerosas empresas, realizando estudios de mercado de diversos productos. De cuando en cuando asiste a niños de hasta 12 años con problemas psicológicos. Incluso llega a realizar informes técnicos ante los Juzgados para casos de divorcio. En los supuestos en que alguno de los cónyuges inmersos en el proceso, pida la custodia de los hijos.

Si bien nació en Madrid, ha pasado toda su infancia en Francia. Sus padres fueron emigrantes en dicho país. Tras algunos años volvieron para establecerse de nuevo en España. Fue criada por su abuela, ya que su madre, enfermera no podía encargarse ni de ella, ni de su hermano menor, ni hermana mayor. 

No se la conoce relación sentimental fija. Aunque de vez en cuando es visitada por un antiguo novio, casado y con dos hijos. Se conocieron en la Universidad. Él es actualmente periodista en un conocido rotativo nacional.

Normalmente los jueves por la tarde recibe en su domicilio a un importante número de personas de ambos sexos. Según los vecinos; que han puesto alguna denuncia ante la Policía Municipal; se dedican a tocar instrumentos musicales. Algunos de ellos desconocidos para quienes los soportan. Acaban animándose tanto que olvidan mirar de vez en cuando la hora. En una ocasión la policía se presentó a la dos de la madrugada. Fueron advertidos y pese a encontrar a todos los asistentes sumidos en los efluvios producidos por la marihuana, no los detuvieron. Parece ser que desde entonces dejan de cantar y tocar instrumentos antes de las doce de la noche.

Durante los años precedentes tuvo problemas económicos.  Sin embargo, desde hace un año aproximadamente, su situación parece haber mejorado significativamente. Sin duda alguna debe ser como consecuencia de haber sido nombrada representante en España de la Nueva Iglesia Brasileña. Últimamente su ritmo de trabajo ha decaído sustancialmente mientras han ido aumentando las reuniones, con seguidores de su Iglesia. Tanto en los salones que la Embajada de Brasil tiene cerca de la Moncloa como en su propio domicilio.

Debe tenerse en cuenta su capacidad intelectual. Es muy elevada, su índice supera al de cualquier licenciado cum laude». 

El informe de la Nueva Iglesia Brasileña era más o menos. 

«Actualmente Brasil es un semillero de nuevas tendencias religiosas. Existen más de sesenta diferentes. La Nueva Iglesia Brasileña es una de ellas. Su filosofía parece ser el resultado de un equilibrio entre viejas costumbres de indígenas de la selva amazónica y diversas versiones de un acomodaticio y olvidadizo cristianismo, por falta de evolución. Además de añadidas fusiones semejantes a filosofías de los mal llamados verdes y otros amantes similares de la madre naturaleza. Sus seguidores no se medican con productos farmacéuticos, dicen emplear productos naturales, concretamente los que facilita la selva.

Se reúnen obligatoriamente una vez a la semana. Son dirigidos por un Chamán o responsable del grupo, quien asume el nombre de una aldea o poblado indígena del Amazonas, a título identificativo. Sobre todos ellos está el Gran Chamán o Jefe Religioso. El actual es conocido por todos sus seguidores como el Tercer Gran Padre. Desconoce la escritura occidental. Actualmente cuenta con cerca de setenta años y está preparando a su sucesor, un tal Fernando. Hombre muy capacitado, lleno de recursos y según dicen, con ciertos poderes sobrenaturales. Este representa al Tercer Gran Padre y dirige en la sombra toda la organización religiosa. Viaja incansablemente a cada país donde se han instalado. Prepara a los Chamanes del Grupo instruyéndoles y ayudándoles en su capacitación, para la captación de nuevos seguidores. Cuando todo está preparado y el número de seguidores es importante, el Tercer Gran Padre viaja hasta ese nuevo grupo y celebra su puesta en funcionamiento mediante un ritual específico. Les otorga el nombre con el que a partir de ese momento serán conocidos. Hace evocaciones y si existen personas del grupo que necesiten eliminar enfermedades o algún tipo de mal, aplica sobre ellos una especie de oraciones y ritos amazónicos invocando a la Madre Tierra, que al parecer suelen resultar positivos para quienes los reciben.

Sus reuniones religiosas son presididas fundamentalmente por cánticos en lengua brasileña y al son de numerosos instrumentos de cuerda y percusión. Realizan un ritual iniciático, antes de invocar a la Madre Tierra para que restituya el equilibrio robado por los hombres desde tiempos inmemoriales.

En Brasil este tipo de iglesias o tendencias pseudo religiosas están siendo autorizadas sin ningún problema por el Gobierno de turno. No quieren enfrentarse a los indígenas, artífices de la proliferación desmedida de este tipo de filosofías religiosas. Y ello como consecuencia de su ineptitud en administrar debidamente los bienes del país. En facilitar y poner los medios necesarios para que los indígenas tengan alimentos, viviendas y una sanidad digna. La misma historia que en cualquier otro país suramericano». 

Cuando terminamos de leer ambos informes nos quedamos de piedra. Nos estábamos metiendo en un campo desconocido hasta ese momento.

La gestión previa ante el Ministerio del Interior, responsable de la autorización o denegación de este tipo de Agrupaciones Religiosas, resultó inquietante. Exigían un ingente número de documentos, impresos, certificaciones. Relación nominal de cada uno de los dirigentes responsables de la Agrupación no Política. Estatutos o normas de convivencia y situación de la sede de la Agrupación y sus delegaciones en todo el país, así como la Sede Central.

No me extrañó nada que aquella mujer, viniera a un Gabinete Jurídico como el nuestro. Una sola persona por muy inteligente que fuera jamás podría realizar y cumplimentar cuanto pedían. Carecía de los conocimientos técnicos necesarios, y ella lo sabía, conocía su capacidad, pero para otras cosas, no para la jungla jurídica.

—¿Ahora qué hacemos?  —pregunté a mis socios.

—Pues lo convenido. Ya sabemos quién es y a quien representa. No nos podemos llamar a engaños. Yo particularmente no tengo inconveniente en hacernos cargo de su representación y defensa.

—Yo tampoco. Soy del criterio de Salvador —añadió Pedro.

—Pues no hay más discusión. Ahora mismo la llamaré y comenzaremos a trabajar.

—Suerte —me dijeron ambos.

—Gracias. Creo que la necesitaré. Entro en un campo de hockey sobre hielo, y no se patinar ni usar el Stich.

—Pues aprendes y ya está.

—Vale.

Más tarde.

—¿Eva Arjona?

—Sí.

—Soy Tomás Enciso, su abogado.

—No esperaba su llamada hasta mañana. Pensé que aún estaría leyendo e interpretando los documentos.

—En efecto así ha sido, pero ya terminé y me gustaría presentarle el proyecto y los pasos a seguir.

—Muy bien, dentro de media hora puedo estar en su despacho, o en La Hoja Verde.

—¿Qué es eso?

—Un restaurante vegetariano. Puedo invitarle a comer.

—Gracias. Se lo agradezco, pero no soy vegetariano.

—Debería, es muy sano. No así las carnes y bueno, el resto de los alimentos.

—Si no le importa me gustaría hablar en nuestras oficinas.

—De acuerdo salgo ahora mismo.

Exactamente veinticinco minutos fueron los que tardó en aparecer frente a la puerta de mi despacho. A través del teléfono, la recepcionista me anunció su visita. Golpeó con energía la puerta y solté, también un enérgico ¡adelante Eva!, que me asustó.

Antes de cruzar saludos, se adelantó hasta mi mesa; yo acababa de levantarme del sillón para salir a su encuentro. Me ofreció una orquídea.

—Es para usted. Debe tener cuidado. Alguna de estas flores tan bonitas, suelen ser venenosas. Cuando le regalen otra observe con detenimiento sus pistilos y si caen hacia el interior deséchela. Sin duda alguna es venenosa. Emitirá efluvios que respirados en una habitación pequeña podrían causarle la muerte.

—¿Porque me cuenta todos eso? No suelo recibir flores de nadie, y menos orquídeas, no me gustan nada, aunque le agradezco la deferencia.

—Y yo su sinceridad al decirme no le gustan.

—Bien, si no le importa vayamos a lo verdaderamente importante, en este caso para usted.

—Vayamos.

—Vea, he diseñado los siguientes pasos y tiempos de realización. Necesitaré la documentación que figura en la carpeta número uno. Respecto a los Estatutos o Normas, empecé a redactarlos en base a sus borradores. En cuanto los termine se los daré para una primera corrección. Por su parte deberá facilitarme todos los documentos señalados para presentar la solicitud de autorización ante el Ministerio del Interior, Oficina de Agrupaciones no Políticas. Tan pronto tengamos la autorización para operar libremente en España. Deberá abrir una cuenta corriente en un Banco a nombre del Equipo dirigente, y llevar un control exhaustivo de cuantas aportaciones dinerarias y en especie vayan haciendo sus ¿Compañeros? ¿Seguidores? ¿Cómo debo llamarles?

—Como quiera, a mí me da igual.

—Prosigo. Tenga en cuenta que solo la Iglesia Católica está exenta de pagar impuestos. Ustedes deberán hacerlo como cualquier otra entidad, empresa o ciudadano. Llevarán una contabilidad oficial ajustada a la normativa europea. Todo cuanto le avancé está en el expediente preparado.

—Es usted muy eficiente, ya veo que ha trabajado fuerte estos días. Bien. Pues si no le importa, podrá acompañarme hasta la provincia de Toledo, tenemos previsto comprar unos terrenos en un pueblo, y centralizar allí nuestra sede.

—¿Y?

—Debo ir acompañada de mi abogado, no quiero que me engañen, ni me pidan más dinero del que valga el terreno. Además, necesito conocer si nos autorizarán a edificar un determinado número de viviendas y edificios para servicios. Vea, este es el plano a mano alzada. Necesitaré también arquitecto y empresa constructora.

—Pero yo solo soy su abogado. No su gestor ni agencia inmobiliaria. ¿Me comprende?

—Desde luego, pero si no lo hace usted., que me dirige y controla salvaguardando mis intereses, ¿quién lo va a hacer?

—De acuerdo, pero esto va a significar un importante montante facturado por nuestro Bufete. Deberemos recibir una cifra mensual a cuenta de gastos y gestiones. Más adelante iremos minutando nuestros servicios.

—No hay problema. ¿Le parece bien seis mil euros mensuales?

—Claro.

—Bien pues aquí tiene el primero de los talones. Como no sabía a nombre de quien extenderlo, lo he puesto al portador y cruzado.

—Un momento enseguida mando hacer un recibo.

—No se preocupe por eso. Es más importante el camino a recorrer que el dinero perdido en él.

—Entonces en nuestro próximo encuentro se lo entregaré.

—Mañana. ¿Tiene usted coche? ¿Le gusta conducir?

—Si, claro que me gusta.

—Pues esta es mi dirección. Le espero a las diez de la mañana en mi casa. Saldremos de allí para Toledo. ¿De acuerdo?

—De acuerdo Eva.

—Muchas gracias, Tomás. Hasta mañana.

Volví a levantarme del sillón y con un movimiento dieciochesco, la acompañé hasta la puerta, luego hasta el ascensor y minutos más tarde hasta la puerta del edificio.

Subí corriendo para enfrentarme a mis socios. Digo enfrentamiento, pues estaba seguro de que alguno de ellos comenzaría a sentir cierta envidia.

—Bien muchachos. Este es el primer pago correspondiente al mes de Agosto. Y como este, todos los meses. ¿Qué os parece?

—Nos parece bien, pero ¿A quién debemos matar?

Reímos los tres durante unos minutos y nos fuimos a celebrarlo a la Mesa Verde, que no era precisamente un restaurante vegetariano.

Al final de la comida y tomándonos un café, después de hablar y contarles detenidamente, les dije: Solo lamento una cosa, que voy a estar poco tiempo en el Bufete. Mañana mismo nos vamos a Toledo. Ten cuidado me dijeron, empezamos a verte danzando al ritmo de los cánticos brasileros y fumando marihuana, amén de cualquier otra cosa. Mantuvimos la risa hasta pulsar el botón de la cuarta planta de nuestro edificio. 

Capítulo 2

Todavía en el hospital.

—Es posible que me haya extendido describiendo muchos detalles, pero soy incapaz de saltarme ciertos momentos.

—No importa señor Enciso, de verdad. Si como me dijo al principio, tenemos poco tiempo para detener a esa mujer, ahora se nos hace casi imposible salir de aquí. El doctor nos retendrá al menos cuatro o cinco días.

—Eso creo, aunque antes espero haber terminado mi relato.

—Yo también. Es más, me gustaría llegar a sus mismas conclusiones para salir y detenerla.

—Y yo gustoso le acompañaré.

—Lo imagino, pero no podría permitirlo.

—¿Que no vas a permitir?  —se oyó decir desde la puerta.

—¡Roberto, que alegría verte! ¿Pero no estabas de viaje en Málaga?

—Si, pero cuando me comentaron que recibiste un disparo, me disculpé y tomé el primer avión hacia aquí.

—¿Cómo está Loli?, aunque supongo que no muy bien.

—Ha sido muy duro para los dos. En fin. Corramos un tupido velo. Pero gracias por tu preocupación.

—De nada.

—Disculpe. Usted es sin duda el receptor del otro balazo.

—Sí señor.

—Perdone Enciso. Él es mi jefe, el comisario Hernán Carrillo. Roberto, Tomás Enciso, es quien presentó la denuncia anunciándonos un posible asesinato.

—Encantado.

—Mucho gusto comisario.

—Pues ya ves, aquí tendido, aunque trabajando —remarca Ignacio Dobles.

—¿Y eso?

—El señor Enciso está poniéndome en antecedentes. También sus reflexiones y conclusiones por las que supuestamente una madre matará a su hija. Aunque no hicimos más que empezar. Claro que tenemos cuatro o cinco días por delante.

—Ignacio, tú como siempre, aprovechando cualquier resquicio para intentar lograr otro aumento de sueldo ¿no?

—Claro jefe, eso ni dudarlo.

—Veo que se llevan bien.

—Bueno ahora les dejo, debo comprobar cómo va la investigación del intento de asesinato vuestro.

— Precisamente iba a preguntarte por eso.

—Yáñez está en la calle y Pinillas tratando como siempre con sus programas de localizar el punto exacto desde donde dispararon. Les tendré al corriente. Señor Enciso, Ignacio. Mejórense, ya los veré más adelante.

—Adiós Roberto.

—Gracias por la corta visita comisario —replica Enciso.

—Hasta pronto.

—Bien, ahora estamos otra vez solos. Imagino que podrá continuar con el relato —solicita el inspector.

— Por supuesto, no se preocupe. Aunque me temo que….

—¿Qué?

—Eso —dice señalando la puerta de la habitación.

En ese momento hacen entrada los amigos y socios del Bufete, Pedro y Salvador.

—¿Así que es verdad? Te han disparado.

—Es que lo poníais en duda.

—Cualquier cosa. A ti te puede ocurrir cualquier cosa. Esta no es la primera, y creo que tampoco será la última.

—Desde luego —comenzó añadiendo Salvador— Desde que conociste a Eva, no han dejado de ocurrirte percances.

—Eso no es cierto. Solo han sido coincidencias circunstanciales.

—Lo que tú digas, pero ¿te han sucedido o no?

—De acuerdo. Lo admito.

—Bueno, y ¿cómo estáis?, me imagino que él es el inspector que te acompañaba.

—En efecto, soy Ignacio Dobles—se adelanta presentándose.

Durante al menos un cuarto de hora mantuvimos una insustancial conversación. Claro que, conociendo a mis visitantes, sabia no tratarían de preocuparme ni un ápice. Solo me señalaron que la Jefa Suprema había llamado desde Toulouse, preguntando por mi situación.

Minutos después se despidieron dejándonos de nuevo solos. El inspector, continuaba impaciente, deseoso por que continuara con el relato. Sin embargo, durante la siguiente media hora tampoco podría escucharlo. Una compañera de trabajo apareció con un ramo de flores ante la divisoria de las dos camas.

Rosario se adelantó hasta uno de los laterales de la cama. Se acercó y me besó en la cara.

—Es de todos los compañeros. Me dijeron, dale un beso de nuestra parte. Y así todos. Por eso te lo doy. Yo te traigo estas flores frescas. Para que te ayuden en la recuperación-

—Gracias Rosi. Eres muy amable.

—Lo sé. Siempre me lo has dicho.

—Te molesta.

—No, ni mucho menos, pero…-

—¿Pero?

—Nada Tomás, ahora lo más importante es que te recuperes pronto. Y eso va también por usted inspector.

—Gracias por lo que me corresponde. Y no se preocupe, si no le hace caso el señor Enciso, cuando salga de aquí puedo invitarla a pasear, tomar una merienda estupenda y ver una película. ¿Le parece?

— Gracias…

—Es el inspector Ignacio Dobles.

—Gracias señor Dobles. Es usted muy amable.

—¿También yo? — y comenzó a reír.

—Bueno, me gustaría saber cómo estás –le pregunta a Enciso.

—Dolorido, molesto y preocupado. Las dos primeras, bajo tratamiento médico. La tercera imagino será el inspector quien deba ocuparse. Al menos eso espero.

—Claro que si hombre. Tranquilo.

—Me alegra que lo tomes con tanto optimismo.

—No hay más remedio. Podría estar muerto. No estarlo me da fuerzas.

—Me alegra escucharlo.

—¿Y tú, como vas con tus asuntos?

—Bien. Ocupada como siempre. Por cierto, alguien llamó por teléfono preguntando por ti. Me la pasaron a mí, pues ni Pedro ni Salvador estaban.

—¿Que te dijo?

—Algo extraño. Me indicó que te hiciera llegar una nota. La escribí para no olvidar detalle alguno. Toma —y me dio un sobre de tarjeta.

Durante unos segundos leí: La madre de la Primera Gran Madre, no tiene nada que ver con lo ocurrido. Cúbrase del Cuarto Gran Padre y oculte toda la información que posee de nuestra iglesia.

© Anxo do Rego. 2020. Todos los derechos reservados.

 

Safe Creative #1405250973644

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *