La mañana del domingo.

Son dos amigos que han superado los 70 años, jubilados en activo. A media mañana, suelen tomar café juntos. Tienen concertado el punto de reunión, el bar Casa Antonio. Es un momento de relajamiento, de abandonar sus actividades sociales, familiares y de ocio, para comentar cuanto sucede a su alrededor.

—¿Qué tal el sábado?

—Un día ajetreado. Vinieron a comer a casa mi hija Julia, su marido, a quien no trago, y sus dos hijos maleducados.

—¿Pudiste ver el enfrentamiento de la tarde?

—Sí. Menos mal que a eso de las siete de la tarde se marcharon. Tal vez tuvo algo que ver mi cara de mal humor.

—Ten paciencia.

—No, si la tengo, pero me puede la mala educación de mis nietos.

—Que se va a hacer.

—Se puede. Claro que se puede, pero sería necesario querer, intentarlo al menos. Pero no, les dejan hacer lo que les viene en gana.

—¿Qué dice tu mujer?

—Ella es débil, no les dice nada, sencillamente les pide estar quietos, no tocar nada, aunque no le hacen ni pizca de caso. Mientras tanto sus queridos padres ríen las gracias. Respecto al partido que puedo decirte, que casi me olvido, lo vi empezado, de la mala leche que me arropó todo el día.

—Bueno. ¿Y qué te pareció?

—Ya sabes, ese asturiano no me gusta nada. Siempre dije que un traidor es lo peor que puede existir, por cualquier causa, y él lo fue, con nocturnidad y alevosía, además de mentir. Su prepotencia y falta de respeto le superan. Además, con tal de meter el dedo en la llaga a quien traicionó y dorar la píldora al que la motivó, es capaz de hacer lo que hizo. Se le nota tanto como a una famosa presentadora de un programa mañanero de radio. Confunden deseo con la realidad, y muestra su debilidad por su afinidad con la región donde nació aprovechando que los oyen y ven miles de ciudadanos.

—No te quemes la sangre, Paco.

—Y tú ¿Qué tal?

© Anxo do Rego. Granada. Septiembre 2022. Todos los derechos reservados.