Mi opinión sobre «Opinión» y quienes las vierten.

Basándome en la acepción del diccionario de la R.A.E. « Juicio o valoración que se forma una persona respecto de algo o de alguien», emito la que mantengo sobre aquellos que aprovechan las ventanas abiertas por los diversos medios de comunicación, para convertir su opinión personal para confundir, política y socialmente, e intentar y a veces lograr, esa transmutación a la otra acepción de la Academia; Opinión pública: Sentir o estimación en que coincide la generalidad de las personas acerca de asuntos determinados. 

Ante la oleada de opiniones me veo incapaz de sustraerme a comentar ciertos aspectos. No obstante, me dirigiré en especial a las opiniones actuales con indudable sesgo político marcado por los opositores, o bien por cualquier ciudadano que mira intencionadamente su estómago y las repercusiones positivas o negativas de alguna norma o decisión emanada del gobierno, que trastoca su individualismo, ante la oleada de actividades y situaciones ajenas a las ofertadas por el actual gobierno.

No es fácil acertar en la gobernación de un país, máxime en uno como el nuestro, donde únicamente nos convertimos en solidarios, cuando surge un acto que llama a la sensibilidad y gusta de hacernos ver y sentir. Me atrevo a decir, que es en cierta medida, ocasional. Tal vez en una situación que raya con el fariseísmo, ya que, pasado ese momento coyuntural, aparece el olvido y la desidia, tan causal como la provocada. Solemos olvidar que la mejor y mas profunda solidaridad, por necesaria, es aquella que se apoya en el conjunto de ciudadanos para elevar el necesario nivel cultural, social y económico.

Lamentablemente la gran mayoría de ciudadanos de esta España nuestra, somos egoístas, individualistas, tribales, independientes, primitivos, materialistas, soberanos. Solo necesitaremos repasar las páginas de nuestra historia, marcada por luchas intestinas, provocadas por ideologías enfrentadas, donde las ansias de poder y la fortuna; sin desdeñar la envidia de unos sobre otros; han ocasionado. Sin ir muy lejos en el tiempo, la muerte de miles de conciudadanos en la peor de las confrontaciones, la civil.

Retomo la primigenia idea. No es dable que ciertos individuos ofrezcan su sistemática opinión, crítica o reconvención, marcada por el mercadeo político, para socavar al opositor ideológico y conculcar cualquiera de sus acciones. Tampoco lo es, verter opiniones sin contrastar, o como sucede en demasiadas ocasiones, convertirlas en hipotéticas realidades basándose en una ficción o deseo personal, más parecida a una obra literaria de ciencia ficción.

El individuo necesita muchos años para profesionalizarse en una o varias actividades de cualquier índole o tenor. Tiempo necesario para conocerlas con cierta exactitud para su posterior desarrollo. Véanse los Grados Universitarios y su posterior actividad, o bien el afianzamiento en una formación, tan o más necesaria que la universitaria. Sin embargo, ciertos individuos se convierten en adalides del saber, haciendo gala de múltiples y diversos conocimientos, para los que tal vez habría necesitado tres o cuatro vidas para obtenerlos. Se atreven a poner en solfa las decisiones tomadas por el gobernante de turno. Si el criticado y censurado debe rodearse de ayudantes, consejeros y profesionales de toda índole para ejercer y coordinar la gobernanza de un país, hoy aún mas necesaria dados los avances de la sociedad en que vivimos, ¿Cómo es posible que esos críticos sabelotodo sean capaces de dominar todos los frentes del conocimiento? ¿Señalan al menos las implicaciones que tal o cual medida es mejor que la ofertada por el gobierno? ¿Conocen el desequilibrio que originarías sus palabras?

El hecho de permanecer sentado frente a un micrófono o cámara durante un determinado tiempo y lograr un elevado número de seguidores, no es ni mucho menos, motivo o razón para llevar la bandera de la verdad, su verdad envuelta en su ideología política, y alzarse como mencionara antes, como adalid de la opinión pública. Sí lo es autoclasificarse como tal y aprovechar su influencia para manipular y cambiar el prisma de la pura información, exenta de opinión, la mayoría de las ocasiones sin constatación.

Como siempre, suelo caer con un refrán castellano que se ajusta a mi opinión: Ver los toros desde la barrera. Aclaro, no es lo mismo ver los problemas de otros, desde la perspectiva del espectador.

© Anxo do Rego. Junio 2022. Todos los derechos reservados.

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