Querida MADRE:

El próximo mes de noviembre tres días antes de que uno de mis hijos, y tu querido nieto, cumpliera ocho años, alguien, ¡maldito sea! Tuvo la ocurrencia de allanar el camino para alejarte de nosotros. Incluyo al grupo familiar, aunque solo para que no te molestes, hoy habría dicho: para alejarte de mí. Supongo que ellos tendrán su recuerdo, lo desconozco, aunque dado su comportamiento desde que faltas, me extrañaría bastante.

Quiero creer que tu espíritu no se confunda en el éter, y puedas leer esta carta.

Mucho han cambiado las cosas, la situación, la forma de vivir. Hoy los recuerdos se amontonan y no sabría como empezar a relatarte tantas variaciones surgidas. Tal vez te llevarías una sorpresa.

Me enseñaste mucho, además de querer y favorecer a la gente. Ponerlo en práctica solo me ha servido en ocasiones para pasar trances negativos. No, no es culpa tuya, no lo interpretes mal, al contrario. Creo que me diste o dibujaste en mí, la apariencia de ser una buena persona, lo soy desde luego, pero el resultado no ha sido halagüeño. Seguí tus consejos y calibré mis actos para no pisar a nadie. Lo hice, lo hago y seguiré haciéndolo hasta que me reúna contigo. Sin embargo, no fue suficiente, algo debió fallar. Me esfuerzo en comprender el actual resultado, me refiero a lo familiar, el resto de gente es solo cosa mía, nada achacable a ti.

Tu marido, mi padre, a quien conoces mejor que yo, se disparó como una flecha cuando de fuiste. Sus actitudes salpicaron mi círculo negativamente. Desde ahí habrás observado, que después de múltiples avatares dada su simpleza y falta de… ¿Equilibrio mental? ¿Desacierto en sus actos? No te molestes, pero es cierto, recuerdo que siempre tuviste que pararle los pies ante su ineptitud. A mi me abordó de tal manera que no tuve mas remedio que ayudarle para eliminar un problema económico bastante grave. Todo ello adornado con mentiras y falsedades. No quiero cansarte más, aunque seguramente sabes que volvió a casarse. No soy falso, le ayudé al reconocer que nunca supo estar solo. En buena hora. Tuve que dejar mi trabajo para ayudarle a superar una enfermedad, su ‘señora’; como él decía; no podía atenderle por su trabajo. Estuve viviendo una temporada en su casa hasta que le dio un ataque al corazón. Solo cuando pasaron seis horas su querida esposa se le ocurrió buscarme para decirme «a tu padre le pasa algo». Tuvieron que intervenirle y ponerle dos bypass en su corazón. Tenían previsto marchar en avión a Suramérica, al país de nacimiento de ella. Un ejemplo de su comportamiento. Quería volar diez horas a los quince días de salir del hospital. Mi hermano el doctor y yo, le convencimos de que bajo su responsabilidad podría subir a un avión. Como tenían los billetes comprados, devolvieron uno y el otro lo usó su esposa que estuvo dos meses con su familia de allá. Mientras tanto le atendí en casa, comidas, paseos, visitas al médico, a quien mentía constantemente. Cuando regresó del viaje, le dejé las instrucciones que desde luego no siguió tras unas palabras mías que debieron sentarle mal. Previamente inició una actividad religiosa que intentó practicar con mi hijo. Tuve que parar los pies a su ejercicio de proselitismo son su nieto. Todo aquello motivó un resultado inesperado: me dio un ultimátum, debía abandonar su casa “cuanto antes mejor”. Lo hice pese a encontrarme sin trabajo por ayudarle y no disponer de suficientes ahorros. Se marchó a vivir al país suramericano. De vez en cuando volvía a España para encontrarse con su hermana Pilar, no llegó a contactar conmigo, solo unos mensajes con lindas frase aludiendo al amor paternal, que rechacé. Falleció allí, mi prima Rosario, hija de Pilar, logró encontrar mi número de teléfono y comunicarme el óbito. Seguro que si os cruzáis no tendrá la vergüenza de saludarte.

Tu hijo menor, mi hermano, y su familia, olvidaron el nexo sanguíneo que nos une, y desde hace años no se de ellos. Tampoco quiero, prácticamente los he olvidado. Me cansé de doblegarme a las pretensiones de su ‘querida esposa’ y sus hijos, tus nietos. Las explicaciones deberían dártelas ellos. Las que me dio mi hermano vistiendo calzones grandes, fueron tan futiles que me dejaron asombrado. Días más tardes y como siempre, “mi queridísima cuñada” me llamó para ampliar las explicaciones. Le colgué el teléfono. Desde ese momento preferí estar solo, que seguir mintiéndome y sonriendo para pasar unas horas en esas reuniones llamadas familiares y cínicas.

Lo pasé mal, creo que muy mal. ¡Cuánta razón tenías! ¿Recuerdas la frase que me dijiste en Segovia, el día en que oficialmente os presenté a quien sería mi esposa? Pues sí, en efecto el paso dado salió mal, resultó una ‘rana indecente’.

Me marché de su casa y volví a mi querido Alpedrete, donde sabes que pasamos unas temporadas maravillosas. Entonces no había problemas, y si aparecían los obviábamos con paciencia y cariño.

Entre tu abandono obligado, las particularidades de ella, engaños, infidelidades y falta de respeto, y la pérdida de trabajo por suspensión de pagos de la empresa donde trabajaba, a punto estuve de reunirme contigo poco tiempo después. Sigo vivo gracias a la inestimable ayuda de una amiga.

No quiero cansarte más hoy. Únicamente te diré que estuve viviendo en Alpedrete, más tarde en Toledo, por último y por ahora, en Granada.

Cada aniversario pongo en un florero los claveles que tanto te gustan, y cuando brotan lilas también.

Madre, aunque no esté a tu lado no dejes de enviarme las fuerzas suficientes para soportar mis últimos años en este mundo tan difícil de soportar. Menos mal que tengo la suerte de tener amigos, pocos aunque buenos, que tambien me proporcionan fuerzas y cariño para soportar los malos momentos.

© Anxo do Rego. Octubre 2022. Todos los derechos reservados.