El otro nombre – y 5 Lo asombroso

5 –  Lo asombroso

            Kenie da una serie de instrucciones y Zark las traslada a un grupo de SD, que comienzan a retirar las armas cortas y largas de cuantos armarios encuentra. Las entregan a jóvenes liberados, mientras les explican el funcionamiento. A medida que bajan hacia la puerta de la nave principal y nodriza, hacen prisioneros a cuantos guardianes o soldados y sus dirigentes y oficiales encuentran. Posteriormente los recluyen en salas sin objetos de comunicación.

            Al final de la jornada el cansancio se adueña de la mayoría de los guerreros. No han descansado, tampoco han tomado alimento alguno. Todo el conjunto o aldea de los dioses, está bajo el control de Kenie y sus hombres. A los hombres distinguidos como oficiales los ataron y metieron en una nave de desplazamiento hasta que Pasak regresara. Cuando la noche cae, se reúnen a la entrada de la nave principal. Comprueba fehacientemente que no queda ningún componente de las tribus en las naves ni alrededores. Todos los guardianes o soldados están retenidos. Ellos solo han sufrido tres bajas y una decena de heridos.

—Ahora Pasak, quiero que hagas un favor a todos nuestros pueblos, mañana a primera hora, con la luz del sol, visita todas las aldeas, llévate otra nave con hombres armados. Viaja en la que van retenidos los oficiales. Reúne a todos los Chamanes de nuestras aldeas y preséntalos. Muéstralos como hombres y no dioses. Luego ve a cada aldea con ellos y haz lo mismo con todos sus miembros reunidos. Deben comprobar que estos hombres retenidos no son más que hombres crueles, así debes decírselo, que nosotros hemos conseguido dominarlos. Diles también que nunca volverán a secuestrar ni matar a nadie. Elimina cualquier privilegio de los Chamanes y déjalos retenidos en una cabaña hasta que decidamos que hacer con ellos. No olvides poner vigilantes con armas. Cuando acabes regresa, y si ocurriera algo extraño, contacta conmigo a través del comunicador.

—Haré cuanto pides.

            Las naves invasoras quedan bajo control de Kenie y el SD que lo acompaña. Durante días realizan cortos desplazándose para devolver a cada aldea a sus nativos, hombres mayores, ancianos, niños y mujeres. Cumplen con las instrucciones dadas por Kenie. Una vez situados y distribuidos los retenidos por las tropas invasoras, pasa a organizarse mediante el establecimiento de una estructura de mando, a la que incorpora gentes en representación de todas las aldeas. Algunos regresan a sus puntos de origen a la espera de la reunión prevista donde decidirán las medidas a tomar respecto a los dioses, sus guardianes soldados y las naves.

            Kenie junto a Pasak y Zark, su traductor, están junto al General Adams y tres oficiales de alto rango en una sala de la nave nodriza.

—General Adams —comienza diciendo Zark— nuestro dirigente desea conocer con amplitud de datos, la razón que les trajo a nuestro planeta, como ustedes lo denominan. Sea sincero y convincente. De ello dependen sus vidas y la decisión a tomar, bien dejarles marchar en sus naves bajo promesa de no regresar jamás, o quedarse aquí para siempre compartiendo nuestro planeta y sirviendo de alimento a lobos y buitres.

—De acuerdo, les daré cuantos datos necesitan saber, pero será necesario manejar uno de esos aparatos del pupitre, así entenderán mejor mis explicaciones.

            Zark traduce a Kenie, quien responde.

—Aceptamos, pero tenga en cuenta que cualquier sospecha, duda o mal comportamiento que observemos, daré orden de disparar y morirán todos.

—Completamente de acuerdo —responde el general.

—Entonces, adelante.

—Hace aproximadamente 25 años de nuestro calendario salimos de nuestro planeta. La flota estaba compuesta por diez naves nodriza, como ésta, con otras veinte de menor volumen en su interior y un sinnúmero de otras para desplazamientos cortos. La misión encargada por nuestros dirigentes era localizar uno o varios planetas similares al nuestro que pudiera facilitarnos alimentos y fuentes de energía. En nuestro planeta hacía años se había agotado, lo que conllevó a numerosos conflictos entre sus habitantes que desembocaron en muerte y desolación, consecuentemente en hambruna. No quedaban apenas lugares donde vivir. Durante mucho tiempo viajamos tanto por nuestro sistema solar como por otros hasta tener la suerte de aterrizar en este, muy parecido a como era el nuestro hace muchos, muchos años. Comprobamos que estaba limpio, exento de contaminación, con agua y una estructura geográfica similar. Su apariencia nos encantó, les pondré unas imágenes comparativas de nuestro planeta con este para que lo comprueben. Verán que tanto éste como el nuestro, giran alrededor de una estrella, nosotros la llamamos Sol. Formamos parte de un sistema con doce planetas y sus satélites, éste, el suyo posee uno parecido al nuestro, aunque más cercano y habitable. El nuestro carece de atmósfera y cada vez se aleja más.

            Durante mucho tiempo el general comentó las peculiaridades de su planeta y comparaciones de ambos. Al acabar Kenie pregunta.

—Ahora díganos la razón por la que han estado llevándose a nuestra gente.

—Las gentes de nuestro planeta se mueren, están contaminadas. Ustedes son fuertes, sin enfermedades y necesitamos colonizarlo de nuevo. Por eso escogimos a sus jóvenes, sobre todo los mejores. Su aportación genética ayudará sin duda a recuperar nuestra raza.

—¿Capturaban a nuestros jóvenes para eso? ¿Separándolos de sus familias, de su entorno y costumbres, solo para intentar recuperar su raza? ¿Se aprovecharon de nuestra falta de evolución técnica y conocimientos? Son unos canallas, salvajes y depravados. ¿Han enviado a nuestra gente a su planeta?

—Sí. Solo enviamos a los más fuertes, después de prepararlos para un largo viaje cercano a los cinco años.

—¿Han llegado ya a su planeta?

—No lo sabemos. Después de los dos primeros años, perdimos la comunicación. Desde entonces desconocemos si han conseguido llegar.

—Entonces ¿Por qué siguen enviando más naves con nuestra gente, si no saben si mueren en el camino o consiguen llegar?

—¿Qué otra cosa podemos hacer? No podemos salir de aquí mientras tanto. Necesitamos respuestas.

—¿Cómo saben que el camino de regreso a su planeta es el correcto?

—Tenemos grabado el viaje desde que salimos. Eliminamos los posibles errores cometidos hasta que conseguimos dar con éste. Después modificamos la ruta en cada una de las naves enviadas.

—Para mí es difícil entender eso —señala Kenie a Zark— aunque supongo que serás capaz de explicármelo más adelante. De cualquier forma, los mantendremos custodiados hasta que decidamos que hacer con todos. Recuerden que tienen orden de matarlos a la menor sospecha, intento de huida o uso de cualquier instrumentación de la nave.

—Le prometo que no daremos motivos para ello.

—Bien —dice dirigiéndose a Pasak— durante tres días mantendremos vigilados a estos hombres y resto de soldados, pero alejados de las naves. Manda construir chozas para ellos. Atarlos de tres en tres formando un triángulo con sus espaldas. Sus manos deben estar atadas de manera que les impida manejarlas debidamente, mejor las de uno con las de otro. Si alguno trata de escapar da orden de disparar a matar.

—Eso no es justo —dice el General como respuesta a la traducción.

—No nos hable de justicia, no tiene ningún derecho después de lo que han hecho a nuestra gente durante tantos años.

            Pasak y Kenie vuelan hasta la aldea Partal, donde esperan Nima y Numak, su padre. Al aterrizar se reúnen con a ellos. Nima se abalanza sobre Kenie abrazándole y besándole con ansias.

—¡Que alegría!  Esperaba tu regreso desde hace días.

—No pude venir antes.

—Sabíamos que estabas ocupado, que habéis vencido a los dioses.

—Tenemos poco tiempo, debemos reunir a todas las tribus ¿Numak?

—Dime Kenie, hijo mío —señala con voz cansada.

—Te llevarán a tu aldea, es preciso que aumentes las explicaciones de lo ocurrido hasta ahora, muchos ya han vuelto.

—Estoy muy cansado, no puedo más, nombra a otro en mi lugar, le acompañaré, apenas tengo fuerzas.

—Lo haré yo —señala Nima.

—De acuerdo, Pasak te acompañará. Elegir a un representante para asistir a la reunión de todas las tribus en la nave nodriza.

—Escúchame Kenie —señala Numak— quiero autorizar a mi hija para desposarse contigo, por si me ocurriera lo peor.

—Gracias padre —señala Nima.

—Gracias anciano Numak —responde Kenie— cuando todo esto acabe prepararemos la ceremonia. Seré el hombre más feliz de todas las aldeas.

            Se abrazan. Luego suben a una de las naves y recorren el espacio que les separa de la aldea Socoa. Al llegar encuentran a muchos jóvenes preguntando por sus padres, hermanos y amigos. Las respuestas se las ofrece Nima. Kenie mientras tanto regresa a la aldea de los dioses, como seguían llamando a la zona donde permanecen las naves.

            Durante días reciben a los representantes de tribus y aldeas. Establecen aprovechar parte de los objetos de los dioses y sus técnicas para permanecer en contacto. Respecto a las armas optan por no usarlas, quedarán reservadas para casos de extrema necesidad. Las naves se usarán para desplazarse de una aldea a otra y solo para casos urgentes, salvo que el Consejo de Tribus establecido adopte otro acuerdo en un futuro.

            Cuando acaban de tomar decisiones sobre las nuevas estructuras, sistemas de defensa y representaciones, llega el momento crucial de la reunión. ¿Qué hacer con los invasores? Alguien menciona deben ser eliminados. Otros, sin embargo, optan por distribuirlos en cada aldea para asimilarlos a los aldeanos, aunque en constante vigilancia y control. La presidencia del Consejo de Tribus decide.

—Se admite la última opción, sin embargo, como hemos aprobado antes, ninguna de las armas de los invasores quedará a la vista. Se mantendrán las nuestras, de esa manera nadie deseará hacerse con ellas para utilizarlas indebidamente.

—Entonces pasemos a la votación.

—Antes deberíamos pensar otras opciones.

—Bien, mientras tanto y si el Consejo me permite —señala Kenie— Pasak y yo daremos cuenta de las opciones al General Adams. Zark nos acompañará.

—El Consejo no tiene nada que objetar a los comisionados. Adelante.

            El general Adams y sus oficiales, recluidos en una choza a poca distancia, hacen acto de presencia en la sala acompañados por Zark y varios guerreros custodiándolos. La voz de Numak menciona las opciones planteadas y aprobadas. Tras escuchar, el general señala.

—Estamos en vuestras manos y supongo que la opción de abandonar este planeta no está contemplada.

—No y fundamentalmente porque desconocemos si tenéis otras armas poderosas ocultas en vuestras naves.

—Lo suponía. Entonces cualquier otra decisión no tenemos más remedio que aceptarla.

            Guardan silencio y cuando Kenie da instrucciones para devolver a los invasores a sus chozas, uno de los SD se acerca corriendo y le interrumpe.

—¿Qué ocurre? —pregunta Zark.

—No lo sé, pero los monitores de la sala de mando han empezado a emitir luces y voces.

—Espera iremos con estos hombres y por favor, por cuidado con lo que digan, si no entiendes algo hazlos silenciar inmediatamente. Que lo sepa el General Adams.

—De acuerdo.

            Caminan hasta la sala de mando. Al llegar, el general pide a uno de sus oficiales ponerse frente al mostrador repleto de monitores. Una voz surge diciendo.

—Aquí el comandante en jefe de la flotilla Nuevo Mundo. Respondan por favor.

            La frase se repite insistentemente.

—¿Puedo responder? —pregunta el General dirigiéndose a Zark, quien mira pidiendo respuesta a Kenie.

—Adelante, pero insisto, mida bien sus palabras.

—Aquí base. Responda, Nuevo Mundo.

—¡Por fin! ¿Con quién hablamos?

—Con el comandante de la base, General Adams. Señale su posición por favor.

—Estamos a una hora y solicitamos autorización para aterrizar.

—Aquí base. Están autorizados, procedan en cuanto cubran la perpendicular. ¿Cuántas naves forman la flotilla?

—Quince, comandante.

—Bien, adelante, sigan las siguientes instrucciones a través de la boya láser.

—De acuerdo comandante. En una hora aterrizaremos, el viaje ha sido largo y estamos deseando pisar tierra.

—Perfecto. Buen aterrizaje.

—¿Qué ocurre Zark? —pregunta Kenie.

—Quince naves se acercan a este punto.

—Bien. Despejemos la zona. Pongamos a nuestros guerreros custodiándola. Al menor indicio de peligro daré orden de disparar.

—De acuerdo, pasaré las órdenes.

—Ahora salgamos con el general a esperarlos.

            La tensión va en aumento. Tanto los miembros del Consejo como los oficiales y el General Adams se mantienen expectantes observándose mutuamente. Pronto una serie de puntos brillantes van agrandándose hasta hacerse cada vez más visibles. Una composición en forma de flecha se acerca sobre ellos hasta posarse en la zona prevista. Unos minutos después las puertas de las naves se abren y un grupo de oficiales avanza hasta presentarse ante el grupo que espera. El general avanza con sus oficiales mientras los guerreros con sus armas guardan ambos flancos en prevención. Entre ellos, Zark, Pasak y Kenie.

            El primer oficial recién llegado, comandante de la flotilla, se acerca ceremoniosamente, saluda militarmente y dice.

—Mi general, me alegra saludarle y estar en casa.

—¿Cómo? —responde.

—Si mi general, que ya estamos de regreso.

—No entiendo. ¿Cuándo tiempo han estado viajando?

—Veinte años mi General.

—¿Tuvieron algún problema en el viaje?

—Los normales.

—¿Siguieron al pie de la letra las instrucciones entregadas por mi predecesor?

—Sí señor. Durante el viaje me hice cargo de la flota cuando el anterior comandante murió. Apliqué las órdenes sin modificación alguna.

—Entonces ¿entraron en la Espiral Dúrbal?

—Sí señor.

—Perfecto mi enhorabuena, puede dar orden de desembarcar a todos los viajeros. Por favor, las armas deben dejarlas en las naves. Los soldados permanecerán a la derecha y los viajeros a la izquierda.

—A sus órdenes General.

            Media hora más tarde todas las naves quedan vacías. Los tripulantes, soldados y viajeros se sitúan del modo sugerido por el General. De inmediato son rodeados por los guerreros de Kenie. Más tarde comienzan a inspeccionar visualmente a los viajeros. Todos miran sorprendidos al comprobar que tanto los guerreros como sus dirigentes, llevan ropajes desconocidos. Entre ellos comienzan a murmuran inquietos. Kenie avanza hacia el primer grupo.

—Soy Kenie, comisionado junto a Pasak por el Consejo de Tribus. Acabáis de llegar a nuestro planeta, ser bienvenidos. Mientras tanto aguardar hasta que el Consejo decida donde debemos acoplaros.

            Un silencio tenso se adueña del grupo de viajeros mientras un destacamento de guerreros se dispone junto a ellos separándolos de los tripulantes. Se avisa al Consejo. Mientras tanto el General Adams no soporta más la tensión, dirige unas palabras a sus oficiales y de inmediato todos se sientan en el suelo cubriendo con sus manos sus rostros atribulados. Kenie sorprendido, pregunta a Zark.

—¿Que sucede?

—Lo peor que podría haber ocurrido —transmite de labios del General.

—Explíquese por favor.

—Lo haré, pero dentro de la nave principal de la flotilla y en compañía del comandante que acaba de llegar. Ellos, ustedes y nosotros debemos escuchar la explicación que nos dará.

—De acuerdo. Nuestro Consejo también estará presente.

—Como deseen.

—Comandante—pide el General nada más entrar en la nave— extraiga el cuaderno de bitácora y preséntese de nuevo.

—Sí señor.

            A su regreso y siempre acompañado por guerreros, se presenta en la sala de control de la nave, frente al General. El resto de los oficiales, guerreros y miembros del Consejo de Tribus, permanecen expectantes. Unos minutos de silencio y Kenie da la orden de inicio al general.

—Antes de nada, debo prevenirles de la dificultad para entender cuanto voy a decir.

—No importa, Zark tratará de traducir de la mejor manera posible. Adelante.

            El general visiona durante unos minutos el cuaderno de bitácora entregado por el comandante. Espera unos segundos, suspira y comienza a decir.

—Mantuvimos una teoría, modificada posteriormente, mediante la cual existe una relación espacio-tiempo, pero nunca hasta ahora pudo demostrarse. Solo era una fórmula matemática. Sin embargo, al presentarla no tuvieron en cuenta una circunstancia, y es precisamente la que ahora se ha dado. Me explicaré lo mejor que pueda. Hace días comenté al dirigente Kenie, que nuestro planeta se encontraba materialmente destruido. Sin entrar en otro tipo de disquisiciones, solo comenté que carecíamos de alimentos y energía. Éramos un planeta con hambruna y paralizado. Bien, nuestros dirigentes decidieron en el año 2080 que debíamos salir en busca de ambos y lo hicimos. Viajamos por el espacio durante mucho tiempo hasta encontrarnos con la Espiral Dúrbal. Cuando salimos de ella dimos con este planeta, similar en características al nuestro de hace cientos de años. Aterrizamos y el resto hasta hoy ya lo conocen. Hace tiempo se dio orden de regresar a nuestro planeta una flotilla con viajeros de este mundo, jóvenes de sus tribus, alimentos y material suficiente para surtir de energía a nuestro planeta. Se facilitó nuestra posición espacial a fin de que, al atravesar la Espiral Dúrbal pudieran llegar a nuestro planeta con posibilidad de regresar a éste y reiniciar el traslado o realizar cualquier otra acción decidida por parte de nuestras autoridades. Sin embargo, la flotilla ha sufrido un trastorno. Mientras en nuestro viaje inicial nosotros cubrimos en cinco años la distancia hasta la Espiral, ellos lo han hecho en un año. No obstante, y esto es lo especialmente extraño, han permanecido dentro de dicha Espiral veinte años viajando y han encontrado la misma paradoja. Como una bola, han rebotado y regresado de nuevo al punto de partida, es decir a este planeta.

—¿Y eso que significa?

—Significa que nosotros al aterrizar, lo hicimos en un planeta similar al nuestro, y en efecto así fue, a no ser que…

            En ese preciso instante al general se le desencaja el rostro, palidece y comienza a transpirar hasta desmayarse. Dos de sus hombres se acercan con rapidez evitando caiga al suelo. Lo tumban sobre un amplio sillón y le ofrecen agua. Una vez repuesto se levanta lentamente y avanza hasta ponerse frente a Kenie. Le abraza tembloroso. Al verlo, Zark echa mano a su arma corta. Kenie se lo impide con un ademán negativo. Tras dos minutos de silencio, se separa y señala.

—Perdónenme todos. Hemos cometido un gran error.

—Explíquese por favor.

—Al aterrizar inicialmente, lo hicimos por la sencilla razón de analizar la similitud de las características con nuestro planeta. Idéntico sistema solar, parecida atmósfera, en fin, todo lo que necesitábamos para sobrevivir, aunque no advertimos que lo hacíamos, —comienza a transpirar de nuevo y sentir el advenimiento de otro desmayo— no es nada, se me pasará.

—¿Que insinúa general? —pregunta el comandante de la flota.

—Escuche con atención y compruebe su cuaderno de bitácora comparándolo con el de nuestro viaje y dígame si encuentra alguna diferencia.

            Al cabo de unos minutos.

—Ninguna general.

—Claro que ninguna comandante, porque en ambos viajes hemos sufrido idéntica paradoja. Hemos viajado dentro de la Espiral Dúrbal y nos ha llevado a regresar siempre al mismo punto, pero en una época anterior, miles de años diría yo. Este planeta es para nosotros desconocido, aunque muy parecido al nuestro, solo le faltan cuatro planetas para ser semejante a nuestro sistema solar y así conformar el conjunto que nosotros conocimos. Esta gente, los habitantes de este planeta parecer ser sencillamente nuestros, nuestros… —no tiene valor ni fuerzas para seguir hablando.

—Pero general su insinuación no es posible, no está demostrada la teoría de la Espiral Dúrbal.

—Lo sé comandante. Faltan aún miles y miles de años para que el resto de los planetas formen el sistema solar que conocimos. El satélite de este planeta tiene atmósfera. Mucho me temo que hay planetas esperando para formar parte del sistema como el nuestro. Mire con atención el firmamento y verá como aun no aparecen. Ni siquiera las constelaciones son reconocibles.

—No entiendo —dice Kenie a la traducción de Zark.

—Comprendo su incapacidad de ahora, pero no tema, tenemos toda una vida para explicarle cuanto acabo de decir y pueda comprenderlo.

—¿Entonces?

—Supongo, Kenie —dice dirigiéndose también al resto de presentes— que ya no hará falta la decisión del Consejo respecto a qué hacer con nosotros. No podremos volver al planeta de donde salimos, estamos condenados a vivir aquí, todos juntos.

—¿Eso significa que deberemos esforzarnos en entendernos y tratar de convivir?

—Todos nosotros deberemos poner toda nuestra voluntad y esfuerzo para entender lo ocurrido. Por cierto, me gustaría conocer el nombre de su planeta ¿Cómo lo llaman?

            Kenie, a través de la traducción de Zark, responde.

—Siempre oímos decir a nuestros mayores, que los suyos, lo llamaron Gaiak, aunque nosotros lo conocimos por el otro nombre.

—¿Cuál es ese nombre?

—Nosotros lo llamamos Tierra.

Fin de El otro nombre.

© Anxo do Rego. 2020. Todos los derechos reservados

Partes anteriores:

1 –  El Encuentro

2 – Nima regresa a su aldea

3 – Los Partal y los Socoa

4 – El encuentro con los dioses

 

 

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