Asi comienza… Doble D

DOBLE D

Por Anxo do Rego

6ª Novela de la Serie Roberto HC.


Sinopsis:

El equipo del comisario Roberto HC inicia una investigación. Una pareja de recién casados son asesinados durante la fiesta de celebración de su matrimonio, en un recinto cerrado y exclusivo. Él es un importante hombre de negocios, ella, hija y heredera de un importante y destacado grupo de empresas.

Durante la investigación se descubren otros asesinatos. Algo comienza a preocupar al comisario, los sospechosos carecen de antecedentes y sus huellas no aparecen en las bases de datos de la policía, como si no existieran.

Un periodista, Eulogio Pariente, lleva años investigando la desaparición de niños entre los siete y nueve años en toda la geografía nacional. A título personal ha creado un sistema de seguimiento que pone a disposición del comisario, cooperando así en el descubrimiento del misterio que encierran los crímenes.


A mis queridas Gloria MB y Susa


Patiens et fortis se ipsum felicem facit:

(Los hombres pacientes y valientes se hacen felices a sí mismos)

Proverbio Latino


Capitulo 1

Como la mayoría de los domingos Venancio y sus amigos jugaban un partido de fútbol junto al resto de niños y jóvenes del pueblo. No había otra diversión para ellos, a no ser en las fiestas de celebración de los patrones de la localidad. En esas fechas la llegada de los feriantes daba un respiro de alegría a todos los ciudadanos, especialmente a los niños. Sin embargo, la carencia de instalaciones deportivas y culturales, limitaban las ocasiones para divertirse. A veces, sobre todo en verano y en la plaza mayor, unas gentes llegadas de alguna población importante montaban un cine al aire libre, al que asistían provistos de la correspondiente silla retirada poco antes de su propia casa.

Por aquellas fechas, a finales de la década de los ochenta, Venancio y sus amigos vieron volar a Superman y salvar al mundo. Divertirse con las aventuras del profesor con látigo y sombrero, idéntico al que llevaba el último maestro que tuvo el pueblo, pero sobre todo, disfrutar con las aventuras hechas a base de dibujos animados. Cada película era comentario obligado en la escuela durante muchos días, sobre todo con su amiga Maria. Vecina de su misma edad con quien acudía diariamente al colegio.

La explanada donde solían jugar carecía de porterías, montones de piedras hacían las veces de postes sin largueros. Las ayudas tantas veces prometidas por los políticos de turno de la Diputación, siempre caían en saco roto. Solo consiguieron que una máquina con una gran cuchara metálica, dejara limpia de piedras la zona, donde poco después el sacristán de la parroquia católica señaló con una brocha y pintura blanca, las líneas del campo. A pocos metros y a la derecha, una alameda marcaba el cauce del río.

El alcalde del pueblo propuso a la Diputación, la creación de dos barreras para regular el caudal a su paso por el pueblo y evitar, como en ocasiones anteriores, que las crecidas se llevaran algunas de las huertas que surtían a la población. Como consecuencia de las presas, el río comenzó a crear una serie de pozas donde se refugiaban truchas. Era donde los muchachos aprendían a pescar.

La tarde en que desapareció Venancio todos creyeron verlo en compañía de alguien pescando junto a las pozas, pese a que lo tenía prohibido por sus padres y demás familiares hasta que no aprendiera a nadar. Por eso pidieron al sargento de la guardia civil solicitara ayuda para que alguien pudiera meterse en ellas.

La presa de arriba se cerró después de siete días, lo que permitió a los agentes, familiares y amigos buscar con más detenimiento en ambas orillas del cauce. No encontraron nada, ni ropa, restos y menos aún su cuerpo. Por aquellos lares no se daba animal alguno, pese a ello, numerosas patrullas de guardias civiles recorrieron durante muchos y pesados días los alrededores, llegando incluso hasta los pies de la sierra a bastantes kilómetros del pueblo. La familia no encontraba consuelo, siendo, como era, hijo único. Lloraron hasta que transcurrieron dos meses desde su desaparición. A partir de entonces Venancio engrosó la amplia lista de desaparecidos buscados por la policía en toda la geografía española.

Nadie vio u observó algo especial que permitiera dar pistas a quienes investigaban. Pese a ello, su madre con ese sentido que solo ellas tienen, repetía constantemente: Mi hijo está vivo. Mi hijo aún vive. Se que algún día volveré a verle.

Según pudo leerse durante ese año en revistas y periódicos de la zona, Venancio fue el primero de una misteriosa lista de desapariciones de niños y niñas de similar edad. A mediados del año siguiente después de la desaparición de otra niña, como la fiebre, decayó y no volvieron a faltar criaturas. Sin embargo el periodista que firmó la serie de artículos, aseguraba que todo aquello obedecía a un plan premeditado. En su artículo determinaba sin pruebas, solo apoyado en su intuición, que los niños fueron raptados. Daba referencias, mantuvo conversaciones con la policía y ninguno de los treinta y ocho aparecieron. Incluso le pidieron que abandonara la investigación por su cuenta al crear falsas expectativas a los familiares. Sin embargo, siguió investigando para mantener su teoría, tres años después cuando de nuevo comenzaron a desaparecer niños.

Durante meses las familias apoyaron su tesis, entusiasmados en la creencia, sujeta con más deseo que ilusión, esperando que sus hijos pudieran aparecer si Eulogio Pariente contaba con apoyos y continuaba investigando. Su proyecto quedó años después medio abandonado en la mesa del despacho de su domicilio particular. De vez en cuando lo abría, anotaba fechas y resultados de la última búsqueda, pero jamás volvió a contactar con los familiares del grupo. En su lista aparecían controlados dieciocho varones y veinte mujeres. Años más tarde aumentaría el numero de desaparecidos. Pertenecían a familias de todos los rincones de España, gallegos, andaluces, valencianos, vascos, castellano-leoneses, catalanes, cantabros, murcianos, de casi todas las latitudes.

En los archivos de las diversas Comandancias de la Guardia Civil y Comisarías de Policía los expedientes figuraban señalados con una gran “D”, equivalente a desaparecido. En nota interna, la última fecha en que se hicieron investigaciones.

En la actualidad.

 A la salida de un edificio en Madrid un grupo de periodistas presenta micrófonos y formulan preguntas a un importante hombre de negocios.

—Señor Lasso, ¿Cuándo regresará de Río de Janeiro?

—No lo sé, aún no hemos decidido la fecha. Pero si les puedo asegurar que serán los primeros en saberlo.

—¿Se casarán allí, o esperarán para hacerlo a su regreso a Madrid?

—A eso no les voy a contestar.

—Una última pregunta por favor, señor Lasso —señala una de las periodistas de un conocido programa televisivo.

—Adelante, pero por favor que no sea de índole personal.

—¿Es cierto que piensa comprar la totalidad de la Sociedad Brasilera de Desarrollos Robóticos?

—No sé de qué habla. Lo siento, ahora debo marcharme. El avión no espera.

Nada más acabar la frase se introdujo en el coche y cerró la puerta despacio. Cuando el vehículo arrancó acercó sus labios a los de Mayra y los besó repetidamente diciendo: Hasta dentro de diez días no haremos otra cosa que disfrutar del merecido descanso. Te lo prometo. Ella sonrió y le devolvió los besos. El vehículo tenía los cristales tintados ocultando su interior. Lo pusieron a su disposición tres días antes, después de pasar la revisión del sistema de seguridad y blindaje; como cada seis meses desde que recibiera amenazas. Conocía el peligro que implicaba moverse sin un buen sistema previsor. Guardaespaldas y otros hombres de seguridad, lo acompañaban visitando previamente las instalaciones que más tarde ocuparía. Su ajetreada vida, llena de viajes, reuniones, celebraciones, presentaciones por fusiones y compras de otras empresas, apenas le dejaban tiempo para otra cosa. Por ello contrató a una de las mejores empresas especializadas afincada en Londres, la Agencia de Seguridad S&P. Su mantenimiento era costoso, pero así podía ocuparse de sus negocios sin estar pendiente, o preocuparse de cada paso que daba.

El vehículo que los precedía paró frente a una de las puertas de la terminal. Cuatro hombres jóvenes bajaron y tomaron posiciones alrededor de su principal. Abrieron la puerta y dejaron que la pareja bajara. Tras pasar por el mostrador de la línea aérea, dos de ellos siguieron acompañándoles hasta la entrada al avión. Después de asegurarse, y una vez dentro, pasaron a los primeros asientos de la zona contigua, y dejaron a la pareja solos en Primera Clase.

—Ahora solo nos quedan nueve horas de viaje para disfrutar del sol y el agua de Ipanema.

—Estoy deseando llegar, cariño.

Al otro lado del pasillo una joven pareja no cesaba de besarse y acariciarse. Mayra se fijó repetidamente en ellos y señaló a Nereo los anillos relucientes que ambos llevaban en sus dedos.

—¿Serán recién casados?

—Seguramente —responde ella.

—No te preocupes, tú también llevaras uno similar a nuestro regreso de Río.

—¿Seguro?

—Completamente.

Durante el viaje, la joven pareja solo dejó las caricias para tomar los alimentos ofrecidos por el servicio de abordo, para retomarlas tan pronto retiraron las bandejas. A mitad del viaje el joven miró a su alrededor y su rostro se tornó rojo al comprobar que el resto de los pasajeros no dejaban de mirarlos y comentar con sus respectivos acompañantes. Tragó saliva y torpemente dijo: Lo siento pero estamos en nuestra luna de miel. Ella se tapó la cara con ambas manos mientras oyó el caluroso y ofrecido aplauso de todos los viajeros. El resto del viaje la pareja se limitó a tomarse de la mano, abandonando el resto de sus efusivas muestras de cariño.

De vez en cuando uno de los hombres de seguridad, pasaba cerca de Nereo Lasso, preguntaba con la mirada y recibía una sonrisa acompañada por un silencioso bien o sin problema. A la salida del aeropuerto dos coches esperaban la llegada de Lasso y su acompañante. Entraron en uno de ellos y media hora después bajaban frente a la puerta del hotel. Subieron las maletas, revisaron la habitación y esperaron vigilando en el pasillo.

Al día siguiente, después de eliminar la dichosa sensación del desfase horario, Nereo pidió un coche para ir a cenar a Marius, situado al principio de la playa de Copacabana. Uno de los mejores restaurantes de la ciudad, especializado en pescado y marisco. Decorado con piezas y utensilios de barcos antiguos, canoas indígenas, catalejos y muebles. Mayra quedó entusiasmada, y más aún cuando un grupo de samba inicio sus espectaculares pasos amenizando la cena. En ciertos momentos alguna de las esbeltas mulatas del grupo, invitó a los asistentes a seguirla en los pasos del baile. Hubo gente que se negó, otros sin embargo salieron esperando que el compás les ayudara a eliminar el alcohol de la cena.

Durante los postres, Mayra advirtió la presencia de la misma pareja amorosa del avión. Lo comentó con Nereo. Ambos, sujetos por las manos, miraban el contoneo de las mulatas. Al acabar reservaron unos momentos para solicitar un brindis con una bebida fresca y tonificante para el resto de la noche. Fue el momento en que fueron invitados a sentarse con ellos.

—Les recuerdo, viajaban al otro lado del pasillo.

—¿Se divierten?

—Desde luego, no hemos hecho más que empezar, tenemos quince días para ver todo esto, incluso pensamos viajar a las cataratas del Iguazú, y es posible que nos escapemos aún más abajo. Tal vez a Buenos Aires.

—Vaya viaje de novios —señala Mayra.

—Llevamos años esperando este momento —indica la joven esposa.

—¿Y vosotros? ¿Viaje de placer o de negocios?

—Ambos. Aunque diría que de placer.

—Entonces olvide los negocios.

—Es posible, pero no tengo más remedio que hacer un corto viaje.

Las dos parejas consumieron el tiempo que duraron tres copas. Miraron el reloj y advirtieron estar cercanos a la salida del sol. Nereo preguntó.

—¿Dónde os hospedáis?

—En el Marina Palace, en la playa de Leblon. Al sur de Ipanema.

—Nosotros también estamos allí.

—¡Que coincidencia!

—Es cierto —señala Mayra.

—Entonces si os parece, volver con nosotros.

—Os lo agradecemos, a estas horas nos costaría bastante encontrar un taxi.

—Acabaremos la fiesta en el Marina, Os invito a la última copa antes de dormir.

—Gracias, Nereo, sois muy amables.

Levantó la mano y de inmediato un hombre se acercó. Pide el coche y minutos después las dos parejas continúan conversando camino del hotel. Durante dos días salieron juntos, después, la pareja amorosa dijo salir de excursión, aunque prometieron invitarles a cenar antes de irse a Buenos Aires. Fueron precisamente esos dos siguientes días, los aprovechados por Nereo para realizar la visita de trabajo prevista. Mayra se conformó con salir de compras, mientras él viajó hasta la capital, Brasilia, e iniciar los trámites para los que viajó a Río. La compra de la totalidad de las acciones de SBDR. Ella en cuestiones de los negocios de su futuro marido, no se inmiscuía.

—¿Mayra?

—Sí, ¿quién es? — responde nada más oír la voz a través del auricular.

—Soy Rosario, del avión y del Restaurante Marius. ¿Me recuerdas ahora?

—Si, disculpa. ¿Qué tal ese viaje?

—Estupendo. Llamaba para invitaros a cenar esta noche.

—No es posible. Nereo no ha regresado de Brasilia aún. Le espero un poco más tarde. Si te parece llamo yo, no sea que venga cansado.

—Como quieras.

Dos horas después marca el número de la habitación de Rosario.

—Nereo acaba de llegar, pero no se encuentra con muchas ganas de salir.

—Nosotros tampoco, habíamos pensado preparar una cena íntima en nuestra suite.

—Se lo diré. Te llamo de nuevo.

—Claro.

—Que sí, ¡le parece estupendo! —señala efusivamente minutos después.

—Estupendo. Diego espera para prepararos una sorpresa y despedida, mañana salimos para Buenos Aires.

—Bonita ciudad también.

—Entonces ¿A qué hora os pasáis?

—Sobre las nueve y media.

—Pero, Mayra, lo dicho, la cena es íntima pero informal. Ponte cómoda, será una reunión de amigos.

—Gracias Rosario.

—Os esperamos.

Terminan de cenar, tomar copas, e intercambiarse números de teléfono y direcciones en Madrid. Diego comenta con profusión de datos, los problemas surgidos al no conseguir que le editaran los últimos comics preparados. Rosario por su parte comenta su trabajo en un hospital privado situado en una zona residencial al norte de Madrid.

—Espero volver a vernos en Madrid —señala Mayra— además, nos gustaría invitaros a nuestra boda, ¿verdad Nereo?

—Claro cariño. Os enviaremos una invitación, así podrás conocer a un importante grupo de amigos. Es posible que puedan ayudarte.

—Te lo agradezco, aunque solo me gustaría contar con vuestra amistad, el resto es cosa mía.

—Buen criterio. De cualquier forma, no dejéis de asistir a la boda. Será un día inolvidable. Aunque supongo que nos veremos antes.

—Claro, iremos. Y… De acuerdo, os llamaremos cuando regresemos a Madrid, al finalizar el viaje de novios.

—Entonces hasta la vuelta.

—Adiós amigos.

Nereo y Mayra regresan a su suite situada en la última planta. Uno de los miembros de seguridad pregunta por la pareja.

—Son amigos, no es preciso investigarlos —responde.

—Lo siento señor —responde— pero debo cumplir el protocolo de seguridad.

—De acuerdo, sus nombres son Diego y Rosario, son de Madrid, viven en la calle Rafael Finat, 95 y acaban de casarse. El es dibujante de comics y ella enfermera en la Clínica Miralnorte, en Mirasierra.

–Gracias, investigaremos y confirmaremos todos esos extremos. ¿Volverán a verse en Madrid?

—Sí.

—Entonces, espere a que le entreguemos nuestro informe.

—Claro.

La conversación es grabada en su totalidad por los micrófonos incorporados a la ropa de ambos durante la cena.

—Te lo dije —comenta Diego.

—Lo sé. No empieces con tus temores, por favor —señala Rosario.

—Pasemos toda la información a la Central y esperemos respuesta.

—Lo tengo todo preparado.

—Adelante entonces.

Enciende el ordenador y envía las fotografías obtenidas con la cámara oculta. De inmediato obtiene respuesta.

—Tenéis dos días para continuar de viaje, después volver a Madrid, ya está todo preparado. No habrá problema en las investigaciones que puedan hacer esos británicos.

—Gracias Tres.

La pareja hace las maletas y se dispone a salir temprano, supuestamente camino de Buenos Aires.

Veinte días después en Madrid.

Diego y Rosario son un estupendo y ficticio matrimonio, sin embargo, ninguno de los dos tiene pareja fija. La misión encomendada por la Central los eligió por la afinidad de sus caracteres. Solo han trabajado juntos en otra operación, con un resultado excelente, lo que propició ser designados para esta otra de mayor alcance. Ella de responsable principal de la misión, él de ayudante. Tres meses atrás Rosario fue contratada en la Clínica Miralnorte. En realidad, forzada, fruto de la operación que se preparaba. El Jefe de Operaciones de la Agencia tomó la decisión de arreglar la cobertura necesaria. Conocen que el objetivo tiene su propio sistema de seguridad firmado con una de las mejores agencias de Europa.

La vivienda del matrimonio fue alquilada y preparada para la boda que habría de simularse poco después. Hicieron fotografías y se manipularon otras para su presentación si era preciso.

La mesa de trabajo de Diego se llenó de bocetos. Comunicaciones de dos editoriales y numerosas cartas de presentación a otras. El Jefe de Operaciones tenía el convencimiento de que aquella casa sería allanada en cualquier momento. Debían estar debidamente preparados.

Cuatro días después y antes de recibir la tarjeta de invitación para la boda de Mayra y Nereo, dos hombres merodearon por la zona preguntando y averiguando todo tipo de información respecto de ambos. Diego fue advertido y salió de la casa después de recibir una llamada de la Agencia. Media hora más tarde entraban en la vivienda y fotografiaban cuanto encontraron en cajones, armarios, paredes y mesa de trabajo. No dejaron cuarto ni habitación por revisar y fotografiar. El informe que recibió Nereo Lasso fue positivo. Al final refrendaban el visto bueno de la Agencia para continuar con la amistad de Diego y Rosario. Detrás el resto de los informes de otros asistentes e invitados a su boda con Mayra.

Diego y Rosario comentan.

Tres acaba de informar. Debemos prepararnos para el desenlace de la misión — señala ella.

—¿Cuándo es el día?

—Ha cambiado de opinión, en principio lo tenía previsto para más adelante, pero ha pedido prepararlo cuanto antes. A mi me espera otra misión y tú debes esperar instrucciones.

—Entonces comencemos cuanto antes.

—Tengo una idea.

—¿Cual?

—Mira, acaban de enviarnos la invitación para la boda.

—¿No pretenderás ...?

—Desde luego que sí. Mejor no podría ser.

—Bien, hagámoslo con meticulosidad, disponemos de una semana.

Rosario pide a la Central una serie de fotografías aéreas de la zona donde se celebrará el evento, deben encontrar un lugar propicio para esconder algunos elementos que dejará otro agente enviado exprofeso.

El lugar recomendado a los novios por el equipo de seguridad británico era el Castillo de Viñuelas, a poco más de veinte kilómetros de Madrid en dirección norte. Una construcción de planta cuadrada provista de cuatro torres cilíndricas, situadas en cada esquina del edificio principal. Su situación permitía establecer un perímetro de seguridad eficiente, dado que solo puede accederse previo acuerdo con los propietarios del recinto al alquilar las instalaciones. De no ser así no hay acceso posible. Lo circunda una amplia tapia de ladrillo y piedra separándolo de la dehesa. Su construcción, pese a datar de 1285, se modificó por diversos y continuos propietarios que ampliaron sus instalaciones incluyendo sin pudor algunos elementos incorporados de otros lugares y épocas, como el Castillo de Manzanares, o restos góticos de Cuellar.

Horas después Rosario revisa concienzudamente las fotos recibidas. Trazan un plan y tras revisarlo, esperan la fecha. Ambos saben que son observados. Sus vidas continúan siendo tan falsas como los documentos de identidad. Rosario habla en dos ocasiones con la futura esposa de Nereo Lasso, Diego sin embargo no tiene oportunidad, se mantiene alejado de Madrid por diferentes causas. No obstante, un día antes de la ceremonia, recibe una llamada telefónica.

—Creo que puedo ayudarte. Tan pronto regresemos del viaje de novios, en veinte días aproximadamente, te presentaré a alguien que puede ser muy útil para tu trabajo.

—Gracias —responde efusivamente Diego— pero ya te dije que no era necesario. Solo me interesa la amistad.

—Lo sé, recuerdo que me lo dijiste, pero el esfuerzo intelectual merece ayuda y no puedo cerrar los ojos a alguien como tu.

—Pero… — iba a decirle: si no has visto mis dibujos—. Como quieras.

—Nos vemos mañana. No nos falléis.

—No te preocupes será un día memorable, y no lo digo por decir.

—Te agradezco el deseo.

—Será un hecho, lo verás.

—Vale, hasta mañana entonces.

—Adiós Nereo.

Rosario desde el salón pregunta a Diego.

—¿Quién era?

—Nereo. Está muy interesado en que publiquen mis dibujos.

—Lástima, podría ser cierto.

—Desde luego, también nuestras vidas. ¿No crees?

—¿Por qué lo dices?

—Por nada Rosario, por nada.

Ella se acerca y le cubre el cuello con sus brazos, luego le besa con una pasión desconocida hasta ese momento. En un instante se miran a los ojos. Ambos saben que aquello no tiene continuidad, solo es un soplo, aunque en esta ocasión la situación o razón no son exigibles por la misión. El calido rumor de la lluvia al rozar los cristales de la ventana del dormitorio, los hace despertar y volver al mundo fabricado por aquellos a quienes siquiera conocían, como hubiera sido su deseo. Desayunan e inician sus dos misiones: una, asistir a la ceremonia, la otra es la encargada por la Central de Operaciones.

Capítulo 2

Los coches no cesan de entrar a la finca. El primer control queda establecido nada más abandonar la autopista de Colmenar Viejo, a unos cientos de metros después de rebasar las instalaciones de la base militar de El Goloso. Si un coche se desviaba, los hombres de seguridad le daban el alto para comprobar la identidad de los viajeros y datos del vehículo. Luego revisan los bajos del vehículo con una plataforma deslizante obligándolo a pasar bajo un arco detector. Tras los trámites, los invitados continúan hasta un segundo control, donde; mediante las fotos enviadas minutos antes desde el primer punto; comprueban la autenticidad de los asistentes, previamente investigados e incluidos en una base de datos. Del mismo modo pasan por otro arco detector. Concluidas las operaciones dan el visto bueno e indican al conductor la zona donde deben aparcarlo.

Diego y Rosario no llegan con el primer grupo de invitados, permanecen sentados en el coche mientras ven pasar al menos, a treinta vehículos. Luego optan por encender el motor del suyo y someterse al tratamiento de seguridad.

Tras una ceremonia corta, presidida por el Alcalde en funciones —amito íntimo de Nereo Lasso— los novios posan frente al estricto y controlado grupo de fotógrafos. Después, los contrayentes se acercan a cada una de las mesas de la terraza preparada al efecto, y se fotografían con cada grupo de invitados. Evitan con ello desplazamientos y aglutinamiento de invitados esperando para dejar constancia de su presencia en la boda de la Pareja del Año.

Acaba toda la parafernalia, se disponen a cenar. Numerosas antorchas rodean el perímetro de la terraza dando un cálido y singular color a la noche que empieza a llamar. El leve y tenue frescor es absorbido por unas estufas estratégicamente dispuestas entre cada conjunto de cuatro mesas. La temperatura es agradable, como los numerosos y exquisitos platos preparados por un distinguido y famoso chef de Madrid, reclamado especialmente por los recién casados.

Nereo Lasso era un hombre joven, casado y divorciado en dos ocasiones. Su trabajo absorbía la totalidad de su tiempo, y sus anteriores esposas —como seguramente le ocurriría a Mayra— no quisieron o no supieron entenderle, y optaron por pedir el divorcio alegando un absurdo motivo: incompatibilidad de caracteres. Razonable por otro lado. El no obstante aceptó y ayudó a través de su grupo de asesores legales, para que no tuvieran problema económico alguno. En sus contratos matrimoniales figuraban una serie de cláusulas susceptibles de ser modificadas posteriormente, transcurridos dos o tres meses desde la fecha de la boda. En ellas se contemplaba la posibilidad de cambiarlas mediante unas capitulaciones matrimoniales, separando o uniendo los bienes de ambos. Todo bajo un estricto y decidido criterio de Nereo.

Era conocido en los sectores financieros como el León de Astorga. Nacido en la ciudad leonesa, supo granjearse nada más salir de la universidad; dados sus esplendidos resultados; la amistad de banqueros y empresarios. Incluso llegaron a tentarle para presidir uno de los grupos más punteros en su época. Se negó, quiso montar su propio conglomerado empresarial y siete años después lo consiguió. Diversificó sus inversiones, sobre todo creyó en las incipientes y emergentes economías asiáticas. Cuando el resto de los inversores quisieron imitarle, él ya dominaba la mayoría de las transacciones europeas con el gigante Chino.

Inicialmente el comportamiento de algunos empresarios eran alabanzas y parabienes. Luego comenzó a crearse enemigos. Algunos lo advirtieron, otros sin embargo callaron, guardaron silencio y esperaron con paciencia árabe. Sin embargo la envidia, el odio y sobre todo el temor, levantó olas de estupor cuando Nereo Lasso comenzó a pisar el también incipiente mercado americano, fundamentalmente el brasileño. Las compras y alianzas con numerosas empresas hicieron crecer el grupo de enemigos. Por otro lado incapaces de lograr los éxitos que él conseguía, siempre presididos por el denostado concepto de globalidad. Con sus actuaciones segó proyectos de numerosos grupos europeos. Corporaciones que con su burocracia ralentizaban la toma de decisiones. El era solo, no dependía de Consejos de Administración ni de Consejeros. Sus decisiones eran asumidas sin discusión, solo escuchaba recomendaciones. La situación fue motivo de amenazas, algunas veladas, otras directas y ciertamente preocupantes. Consideró desde entonces contratar alguien que asegurara su vida.

En el resto de los círculos le consideraban como la joya de la corona. Joven, guapo, empresario, con una situación envidiable. Su rostro salía con frecuencia en las revistas del corazón, más aún cuando inició relaciones con su segunda esposa Miss España y segunda Dama de Honor de Mis Universo.

Mayra Corona Dieguez, era la mayor de tres hermanas. Hijas de un importante empresario madrileño dueño de diferentes sociedades distribuidas en sectores del acero, navales y hosteleros. Su padre Alberto Corona, le pidió fuera haciéndose cargo del grupo. Así cuando llegara el día en que se jubilara o apartara de la dirección, en el interregno, no se produjeran ni se causaran cualquier tipo de problemas. Mientras se acercaba esa fecha, se propuso conquistar un nuevo sector industrial tocado muy superficialmente en Europa, dominado por Japón y actualmente creciendo a pasos agigantados en Brasil: La Robótica.

Estaba considerada como de una especial y sofisticada belleza. Conoció a Nereo en una de las reuniones empresariales que regularmente patrocinan revistas especializadas y agrupaciones sectoriales. En aquella ocasión lo hizo sustituyendo a su padre ocupado con negociaciones en Brasilia.

Los fotógrafos dejaron instantáneas para las revistas y frente a la sonrisa que ambos se regalaron en un inoportuno momento, fueron considerados como la futura pareja del año. Ninguno hizo caso de las noticias y tan pronto se divorció de su segunda esposa, Nereo pidió a Mayra una entrevista personal. De nuevo fue comentado por la prensa y otros medios.

Solo ocho meses después iniciaban juntos el viaje a Río de Janeiro. Supuestamente para descansar.

La novia no quiso un baile especial, se ausentó por unos minutos, cambió su traje por otro más cómodo y volvió a la fiesta que comenzaba en ese momento. Poco a poco fueron saludando a cada conocido, familiar o amigo. Al llegar donde Rosario y Diego bailaban, ambas parejas olvidaron el ritmo de la música y comentaron.

...

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